06 marzo 2011

ALTA FIDELIDAD, de Stephen Frears

Volver a ver Alta Fidelidad es como encontrarse con alguien de tu pasado, y a través de ese encuentro, revivir una época. No para ti, quizá, pero sí para mí, desde luego. Cinta del 2000, generacional, que retrata una faceta, la compulsiva, mitómana, obsesiva, también algo desastre, que ilumina mi personalidad. Me han regalado el libro pensando en mí. Creo que con estos datos uno entenderá que no soy objetivo con esta peli (ni con el excelente libro): me puede.
Dicho lo cual, y entendido que esta comedia romántica con música de fondo (o mejor, con música en primer plano) está entre mis favoritas porque sí... hay que defenderla por méritos propios.
El primero, que vista diez años más tarde (en La Sexta 3, ya el canal de referencia de la TDT) mantiene  toda su vibrante intensidad.
La segunda es por sus actores, no solo un John Cusak en el papel de su vida (hasta en lo histriónico está brillante) sino por un ramillete de secundarios que lo bordan y que supone otro motivo para la mitomanía: Jack Black -también en el papel de su vida-, Zeta-Jhones, y sobre todo la pequeña-gran Lili Taylor y un Tim Robbins tronchante -geniales- son algo así como la polaroid de un momento del "Otro Hollywood", el que sabe tontear con el éxito y con el criterio.
Y luego está un Frears brillante, que hace romper la cuarta pared para convertir este hecho en la columna vertebral de la cinta. Es ese diálogo de la pantalla (de Cusak) hacia el espectador quien sostiene la linealidad argumental, mientras que escenas y planos saltan caóticamente en elipsis brutales, temporales, físicas, surreales (o ¿no es sueño el diálogo del protagonista con el mismísimo Bruce Springsteen?).
Gran cine con vocación de éxito y pulso de retrato generacional. Ya, lo he repetido, pero es el gran valor de la cinta: si el libro es un maravilloso retrato en 1ª persona de un tipo que nos termina gustando y de las relaciones de pareja, la cinta tiene mucho de instantánea de una quinta (por tema, localización temporal, casting...), la que fue joven en la era perdida de la 'generación X' y creció sin saber encontrar la madurez, como ese trío gestor de una tienda de vinilos en la era del CD, que hoy llamaríamos frikis y en 2000 simplemente tres tipos geniales y desastre.
Ah, y por último, claro, está el juego: reconocer cada canción que suena, cada grupo que se cita (por cierto, ¿por qué traducir los nombres?¿Belle Y Sebastian?¿Y por qué no traducir todos los nombres, dejando Jesus and Mary Chain en vez de "La cadena de" etc?). Yo por pillar, la verdad, hasta esos Royal Trux que interpretan el tema de los chavales callejeros que montan una banda en la ficción, modestia aparte :)

2 comentarios:

Jero dijo...

Pese a lo desubicado que pueda sonar (yo en 2000 tenía 17 años: vamos, que la generación X me pilla un poco a desmano), "Alta fidelidad" es una de las películas de mi vida. El libro me entusiasmó, pero reconozco que la película vino antes (para mí) y además es terriblemente fiel (incluso con el cambio Londres-Chicago/Rob Fleming-Rob Gordon), con lo que el libro no añadió demasiado, en lo que a mí respecta, al "espíritu". La veo cada cierto tiempo (ya he perdido la cuenta de las veces) y hay gags que siempre me hacen reír (esos flashes con la pandilla de la tienda zurrándole a Tim Robbins, el momento "We are the champions" y la frase de Rob que le sigue, las réplicas de Jack Black). Todo funciona en esta peli a las mil maravillas y vuelve a funcionar una y otra vez. No supone el recital técnico de un Kubrick o un Spielberg, desde luego, pero tiene más encanto y alma que la mayoría de pelis que he visto en mi vida y después de tantos revisionados sigue siendo inmaculada. Yo a eso lo llamo un clásico...

Octavio B. (señor punch) dijo...

joder, la escena de la "hostiada" es genial, sí, qué risas... y le debe mucho a los actores, su expresividad corporal.

Y nop, no es Kubrik ni falta que le hace, claro... es otro rollo, y RULES!!!!!