10 marzo 2011

están entre nosotros, viva la fantasmogénesis y el Atlántida Weekend

Lo reconozco: me divierte MUCHO todo ese pseudoperiodismo vinculado a las paranormaladas. Me gustaba Giménez del Oso (ese porte fantasmagórico, esa presencia cada vez que lo invitaban al "Un, Dos, Tres"), me hartaba de reír cuando Manuel Blanco se pasaba por Gomaespuma (eso sí que fue un Misterio, con mayúscula, mezclar churras con merinas), tenía en casete un "curso de parapsicología" de un programa del 91 o 92...
Por supuesto no me creo nada. Como mucho acepto, en cosas muy puntuales, la duda razonable, porque tampoco soy hermético, pero ¿colar sistemáticamente con todo lo que esos freaks pretenden dar por información parapsicológica/verídica? Que se lo crean los bobos.
Dicho lo cual, hoy por hoy conozco dos fórmulas radiofónicas que se acercan por vías bien opuestas a ovnis, fantasmas y civilizaciones perdidas: La Rosa de los Vientos y Milenio 3.

Y pese a que la presencia televisiva de Iker Jiménez me resulta risible o patética, según días o humores reconozco que en la radio... me quedo con su milenio.
¿Por? Pues muy claro, porque el espacio rosaventero termina aburriéndome. Porque pese a ser más variado (secciones de historia, cultura...) su estilo me provoca más rechazo. Por un lado, su zona "normal", digamos, me parece muy pobre, con un crítico de cine que se dedica a glosar argumentos cual robot, con una sección de historia totalmente superficial (donde se radionovela la vida de alguien sin ahondar en nada... ¡qué diferencia con "Ser Historia"!) y con un gusto musical proctológico (salvo, sí, la sección de cómics, muy para todos los públicos y bien planteada).
Y por otro lado, en el meollo misterioso que ahora nos interesa, su fórmula es la de tertulia radiofónica, mesa de expertos, presunta seriedad. "Aquí no estamos para que nos las cuelen"... pero programa a programa se defiende cualquier despropósito, desde avistamentos en Soria a la aparición de una revolución arqueológica que ningún otro medio difunde. Conspiranoia, pseudocientifismo... no, no.
Yo quiero que me cuenten un cuento, porque eso es en el fondo todo este cotarro. Encuentros con entidades,   poltergeists, misterios egipcios... todo convertido en el cuento con que la yaya nos aterrorizaba en las noches otoñales, a la pálida luz de un candil tembloroso, con su mirada bizca, su dentadura amenazadora y una sonrisa final aderezada con caricia amorosa. Todo es mentira, a dormir, mi cielo.
Eso es lo que propone el Milenio tercero (repito, no confundir con el televisivo, mucho peor). Puesta en escena, fórmula de relato radiado, músicas ambientales (convenientemente lúgubres, claso), silencios... no es gran cosa, y desde luego ni Iker J. ni la legión de seguidores del programa lo perciben así, pero yo valoro el enfoque fabulesco, pues evidentemente no existe, no puede existir, un rigor científico al hablar de bases secretas rusas en la cara oculta de la luna. Es un dislate, así que sólo convertirdo en materia de sueños, en encanto narrativo, puedo disfrutarlo. Y lo hago, porque me evade una barbaridad. Es como entrar en el túnel del terror.. allí dentro, entre oscuros pasillos, sonidos ululantes y zombis con escobas, te olvidas de la hipoteca. Me vale.
Y sí, no es nada cultureta confesarlo, pero me lo paso súperpipa com Milenio 3... hasta me parto al contemplar el despliegue mercantilista que rodea a este singular sueltacuentos de la cadena con Prisa.

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