07 abril 2011

fenómeno FRIENDS

Vale. En un canal de esos, residual o vertedero, concretamente FDF de tele5/Cuatro, están repitiendo Friends, la sitcom reina de los noventa.
Y maldita sea, lo reconozco, vuelve a engancharme y a resultarme enormemente simpática.
Esto es algo curioso, porque desde que arrancó en 1994 hasta su final diez años más tarde, la tele ha pasado su particular revolución. Personalmente esa revolución se dio con un retraso del copón... a la altura de 2006 empecé a explorar las nuevas series (ya conocía, sí, 'A dos metros bajo tierra', pero de soslayo dado el horario de emisión). Quiero decir que si en su día, hacia el 99, era fan de Friends, hoy por hoy volver a visionar el culebrón de los niños bonitos neoyorkinos podría haber supuesto un cortocircuito con mi memoria sentimental. Pero no.

La realidad es que efectivamente soy sensible a los amaneramientos actorales, a la condición culebronesca de la resie, a la evidencia de un modelo caduco (plató con público y risas enlatadas o reales, personajes básicos...) y no podría elevar a determinados altares esta producción, pero al tiempo me vuelve a calar su sencillez casi cándida, sus buenos chistes (básicamente el reparto lo compone un grupo de chistosos showmen, antes que buenos actores... como ha quedado demostrado en su no-carrera posterior, y en cada episodio siempre encuentro un par de motivos para reìr, y otros tantos para sonreír). Y agradezco el angelical desparpajo sexual (que fue en cierto grado rompedor para los estándares de este tipo de televisión) y los enredos sentimentales como eje de la vida de seis bufones imposibles pero con 'charme'.

No voy, en in, a pedir a Friends un puesto de honor al lado e los Soprano o Mad Men, es una idiotez, pero no puedo negar que, tras tantos años sin volver a verla, reconozco en esta nueva aproximación inesperada (vía zapeo en la sobremesa) los mimbres, cándidos pero bien urdidos, que en su día me hicieron seguir sus diez temporadas.

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