08 julio 2011

RUSSIAN RED, Fuerteventura

El segundo disco de la ya famosa Russian Red (Lourdes y su banda) era en sí mismo un camino bifurcado: o perderse por los caminos de la intuición confiando en la magia y una difusa pátina de vaporoso misterio (el que imprimía a los momentos de mayor oscuridad en su debut), o lanzarse al trabajo duro y la profesionalidad. Supongo que la oportunidad de grabar con gentes de, ni más ni menos que Belle and Sebastian (uno de los faros del pop inglés de los últimos veinte años) sirvió para despejar dudas, ponerse el mono de obrero, perfilar su cancionero por caminos no trillados y entregar este Fuerteventura.
No hay zozobras ni dudas, y sí mucho crecimiento en unas composiciones exquisitas interpretadas con el temple de quien siente que ya ha ganado la partida por la Compañía en el viaje. Desde el single a-la Phil Spector ('I hate you but I love you') pasando por la slide de 'Everyday everynight', el piano trémulo de 'Braver Soldier' o el ejercicio de estilo 'Nick Drake', cada prueba es un paso asegurado y una muesca en el revolver, un duelo ganado con holgura contra la posteridad.
La producción es exquisita, la voz magnética, los detalles preciosos... Russian Red ha cruzado la puerta de la consagración. Eso sí, sacrificando el misterio y la magia. Quizá hizo bien, después de todo crecer como artista desde la confianza en un magnetismo inaprensible sólo está al alcance de los más grandísimos. Aún le queda camino a la del pinta labios para volver sobre sus pasos previos y hurgar en el misterio desde el artista ya hecho. De momento, sigue aprendiendo con el aplomo y visión que demuestra en este segundo trabajo.


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