25 septiembre 2011

FUCKED UP, David Comes To Life

Fucked Up son la típica banda que emerge en las siempre bullentes aguas del hardcore entre loas de la parroquia (en el sentido más ciego, parroquiano, pacato e inmovilista) para ser pasto de críticas a cada nuevo paso, merced a su evidentem voluntad de llevar al género más allá y no quedarse instalados en la comodidad del cliché.
Fucked Up... buenos muchachuelos

  • Inciso, clase de historia de la música para chavales hardcoretas que no se afeitan desde hace demasiados años: para avanzar hay que cambiar, permeabilizarse. Si decidimos que desde Led Zeppelin no hay nada que hacer, seguiríamos aguantando solos de insoportable guitar heroe a día de hoy. Si no queremos que el hardcore evolucione, no hace falta buscar nuevas bandas, nadie va a superar a Minor Threat, y ya en los ochenta Hüsker Dü 'metieron la pata' al montar cosas como "Zen Arcade" o "Candy Apple grey". A Fugazi o a Rapeman, ni mentarlos, claro, traidores a la causa core... Mismos galgos, collares nuevos, ¿recuerdas la que se montó cuando Dylan salió a escena con banda de rock en los sesenta?

Vale, fin del inciso, ahora los talibanes del core ya se han largado (no espero ni que me lean ni cambiar su mentalidad, la verdad) y los que aceptamos que hay que experimentar con gaseosa para sonar excitante, sigamos adelante. "David Comes To Life" es el último trabajo de los canadienses, una auténtica ópera hardcore en cuatro actos, de más de ochenta minutos, com miras abiertas al indie, al shoegazer y al pop (oh, sí, sha la la...), con un discurso conceptual, una historia de amor y desamor y muerte en la Gran Bretaña thacheriana. Y sobre todo, es un rodillo poderoso, brutal pero melódico, la bestialidad y el caramelo dándose la mano,cediéndose el turno amablemente, compartiendo espacio con unas guitarras trabajadísimas, fieras, veloces, melódicas y "soundmaker" al estimo de unos Sweredriver (muy shoegazer, les decía).
En fin, todo cuadra: la ambición del concepto y la nota de los resultados; la ferocidad del frontman (Pink Eyes, ese animal), la rotundidad del sonido y la capacidad de sorprender con elaboradísimas filigranas guitarreras, melodías inesperadas, y cosas tan soprendentes a priori como abrir a lo Mogwai, usar guitarras acústicas o colar un solo que recuerda a los de... The Edge, en "I Was there". Si bien lo desmedido hace de la audición una prueba de resistencia (más de una hora, 18 temas, 1800 alaridos por tema...), la cuestión no esta en si se trata de un disco que voy a escuchar muchas veces, sino del impacto. El inicial y el que persiste en cada escucha o a cada mordisco que le des a este discazo, que en una línea imaginaria de grandes obras del hardcore empalma con la cadena que ha hecho evolucionar al género desde "Zen Arcade" pasando por "Repeater", "Songs about fucking" o "Euzarian".

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