24 septiembre 2011

MIDNIGHT IN PARIS, de Woody Allen




El inicio de la última cinta de Woody Alllen busca estampas hermosas de París. Lo han señalado como la faceta turística del úmtilo Allen, en una cinta que no lo es; ese que se deja enamorar por Barcelona y ya puestos rueda allí y así la saca. Pero personalmente creo que esas estampas de planos fijos, generales, cotidianos, encierran un mensaje más profundo que el de una postal de viaje de novios. Mientras desfilaban esas imágenes exquisitas me acordé ni más ni menos que de los hermanos Lumiere y sus captaciones de la vida cotidiana, sus salidas de fábricas, sus llegadas de trenes. Y así quizá Allen, viejo zorro, nos ubica: estamos haciendo cine, aquello que arrancó en Francia como invento maravilloso (y que también en Francia se convirtió en mágica caja de historias donde todo es posible, hasta pisar la luna en 1902).El todo es posible y la capacidad hipnótoca de la imagen en movimiento, ahí está toda la fuerza que desprende "Midnight in París", en un insospechado discurso metalinguístico de un director ya consagrado pero que vuelve matemáticamente (ya saben, es Wooody, hace una al año) para rendir tributo de amor al séptimo arte. Por eso, esta fábula deliciosa donde la bohemia artística fluye y se regenera ante nuetros ojos como figura mítica, es ante todo un canto de amor a la propia profesión del autor de "Manhattan".
Sin embargo en la conclusión final del filme también advertimos al Allen más vitriólico, el que es capaz de ver que tanta ensoñación, tanta entrega por el arte o, más genérico, por un ideal, una idea, solo supone un tampantojo que nos hace olvidar de lo verdaderamente vital. La vida, en fin, no se sostiene por trampas autoimpuestas, ensoñaciones que pueden ser la más dulcede las cárceles, pero a la postre un calabozo para sueños, esperanzas y crecimientos personales, en los que reside la verdadera y más sabia felicidad.
Mensaje, mensaje y mensaje. ¿Y la peli, Caballero Pasajero? Me dirán contrariados y no sin razón. Pues en fin, "Midnight in Paris" es maravillosa y encantadora, el mejor film de Woody Allen desde "Match Point" (aunque nada renueva dentro de su filmografía: cabe alinearla con cierta rama de su obra que no les pienso revelar), que como siempre un actor en manos de Allen es un lujo, que Owen Wilson hace de Woody como en su día hicieron Kennet Brannagh, Jon Cusack o cualquier actor que ostente un protagonista en su filmografía, que Marin Cotillard está guapísima, embriagadora, y que efectivamente, es mejor no saber absolutamente NADA de la cinta antes de verla, con lo que hablamos de algo bastante raro en el cine de nuestro tiempo: sorpresa.

2 comentarios:

iaGo dijo...

Tengo ganas de desvelar esa sorpresa, a ver si la veo proximamente...

Little Nemo's Kat dijo...

Una película bonita, llena de contenido, y con un entrañable aire nostálgico, que ha sido injustamente maltratada por una parte de la crítica. Me lo pasé pipa en el cine.