12 septiembre 2011

New York 02: "New York City Boy"

El "Other York". La suerte y el privilegio que, como turistas, teníamos en la Gran Manzanota, era que allí, y desde hace más de 15 años, reside un muy buen amigo. Una persona con mucho Nueva York vivido y disfrutado. Encontrarme con él era un punto a favor de conocer "la otra NY", y aunque los deberes laborales del susodicho (a quien llamaremos el 'NYCB' al que alude el título de este post, aunque ni él ni yo somos ya, ay, "boys" en absoluto) no le permitieron una presencia al 100% durante estos días como hubiera deseado, no es menos cierto que la tarde y dos comidas ("brunch", "lunch"...) compartidos, nos trastearon por otra cara de la metrópoli. Nos trastearon, sí, a una velocidad de vértigo amortizando el tiempo casi azoradamente, de aquí para allá, paseando por Chelsea, comiendo exquisiteces en bares almodovarianos (o en todo caso, en los que Almodovar luciría como un atrezo más de un universo kitch y fabuloso, o fabulesco, incluso), conociendo más y más cosas "distintas" de Manhattan...
Show must go on: 'flunching' en un espacio fascinante e imposible
Paseamos por zonas donde no se ve un turista y apreciamos el tempo real del neoyorquino, capaz de dispersarse y disfrutar de entornos plácidos y cálidos en sus momentos de ocio: tomamos cafés cerca de parques con solera, conocimos zonas industriales reutilizadas, vimos el lugar en que directores de cine italiano venían a practicar sado, y disfrutamos comidas comunes en los ambientes universitarios intentando conseguir happy hour en horarios improcedentes para happy hours (ya saben, la Hora Feliz, el dos por una...).
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Paseos tranquilos por ninguna parte: el otro New York
La tutela del NYCB fue como siempre a su lado una oportunidad para reirnos mucho, hablar del universo en general y compartir anécdotas recordando, de paso, amigos comunes. Pero, para el caso que nos ocupa, ha sido un privilegio que un turista no podría tener y merece ser contado.
Nueva York, a la vista de esos paseos, es, también o además, un espacio de vanguardia arquitectónica que nutre de lujo y sosiego al paseante. Y los neoyorkinos, más que la masa vivida el primer día, son gentes capaces de articular un estado de bienestar donde el tiempo puede ser detenido mojando los pies en una leve correntía artificial de agua fresca, jugando al "piraguafútbol" o pasando una tarde leyendo bajo un árbol. Es the other side, sin duda. Y, cuanto menos, lo hemos catado.

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