13 septiembre 2011

New York 03: common people

El pueblo unido. Un aspecto que me ha sorprendido de Nueva York ha sido, sin duda, su gente.
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los neoyorquinos vistos por Will Eisner
El neoyorquino de a pie tritura los prejuicios y los clichés sobre los neoyorquinos de a pie, a golpe de naturalidad, amabilidad y cercanía. La gente, a la que te ve perdido o parado ante un mapa, se acerca a preguntarte, resuelven tus dudas y entablan amable conversación. "¿De dónde sois? Oh, me encanta España, conozco Madrid y Barcelona". "Siento que tengan este tiempo durante su visita" (lloviendo a cántaros). "¿Turistas?, tomen!!!" (esto en un "Dunkin' Donuts", ofreciéndonos, de gratis, doble ración).
Es verdad que existe un espacio de aglomeraciones febriles (ver primera parte de esta serie) pero obedece a lo más turístico; en general, Manhattan se pasea sin sobresaltos, sin masas humanas, muy civilizadamente. Vale, llovió a gusto, lo que no invita a salir a la calle, pero con agua o sol, donde no se cabía, no se cabía, aunque fuera en lugares, como dije, puntuales. La norma, realmente, ha sido otra:
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No todo en NY son calles abarrotadas de gente...
Y el metro, amigos, no da miedo. No te atracan, no te estrujan (apenas una vez, de unas diez que lo tomamos, fuimos en hora punta, y no es nada que a un madrileño debiera asustar, por ejemplo). Los ciudadanos se disculpan si se chocan contigo, la gente aparenta (el rostro como espejo) tranquilidad y buen humor (nada de esas caras de malfollao que te cruzas todos los días en España) y, maravilloso, cada cual viste las 'galas' que le resultan cómodas. No se trata de lucir pintas esforzadamente, opositando a macarra. Ni de perder el aliento por ostentar elegancia "bien" y a la última según el 'Telva'. Ni de gastar marcas, o aparentar que te acabas de comer a tus propios padres y eres le más duro del barrio, o... no; la gente parece querer vestir cómoda para el día y circunstancia, ves mucha chancla (¡aunque llueva!), combinaciones absurdas (la mejor, en el metro un hombre blanco de 20/30 años, lucía camisa elegante, vaqueros cortos por encima de las rodillas y...¡katiuskas!: genial), comodidad despreocupada en eso del cómo ir. Se lleva mucho el café "take away", por la calle, y por tanto, el móvil ni lo hueles: ya está generalizado el uso de cascos con voz, de modo que no es inhabitual cruzarte con quien parece hablar solo.
En este contexto el Estilo, cuando hay que lucirlo (la noche siempre joven , o la ópera, por ejemplo)... bueno, entonces te vuelves a sentir Paco Martínez Soria, porque "clase" sería un término a redimensionar, visto lo visto, y desde los patrones que yo conozco.
Saber ser uno mismo, en fin, parece allí pasar por serlo sin pensar demasiado en trapitos, reservados estos para determinados momentos ostentosos, como un modo de acentuar el momento grave o festivo, y a fe que lo acentúan... Aunque bueno, todo lo dicho no deja de ser una impresión de cuatro, cindo días compartidos... y puedo equivocarme, esto no es un estudio sino un catálogo apresurado de impresiones personales.

2 comentarios:

gervilches dijo...

Supongo que de tanta peli y tanto cómic de superhéroes nos hemos hecho la idea de que NY es un lugar superchungo en el que como te metas por el callejón que no debes te hacen de todo :).

Octavio B. (señor punch) dijo...

claro, y hombre, al Bronx, jeje, no me acerqué. Pero Manhattan, la isla, es más segura que mucha ciudad de aquí. Yo no sentí absolutamente ninguna sensación chunga, la verdad, al contrario