14 septiembre 2011

New York 4: comer, beber, amar

La cuestión culinaria en Nueva York, ¿eh? Tema espinoso, ¿verdad? El mito nos conduce por comidas basura, indigestas hamburguesas, colesterol y sabores para tirar por la letrina. Prefabricación alimencicia.
Todos tenemos esa imagen de paseantes comiendo su perrito por Central Park, o de ejecutivos sorbiendo su café por Wall Street... y eso está ahí, claro. Ni ese perrito ni ese café valen la pena, en mi opinión. El perrito es cutre y caro (al menos, el que yo conocí) y el café con leche allí simplemente es... otra cosa, demasiado alejada del concepto español de lo que es un buen café como para establecer elementos comparativos. Hay que rebuscar, sí, para tomar un café de nuestro gusto, y no una bebida ligera, abundante y espumosa que allí identifican con ese buen pelotazo cafeínico que tanto nos gusta en España y del que apenas es una sombra.Y ya les hablé de esa aberración grasienta que es en sandwich de pastrami.  Esto es así, hay mucho gato por liebre, hay sabores que deberian constituir delito y catalogarse como 'mala comida'. Pero...
Por otro lado, la bollería es un espectáculo para la vista y el paladar: muffins, donuts de todo pelaje, cheescakes... colesterol al poder, sí, pero son cuatro días y la verdad, como encantadores de serpientes, esos dulces están de rechupete. Como las hamburguesas, digámoslo de paso.
Y sobre todo: New York es un macrohábitat demasiado vasto para pensar que uno no va a comer bien. Hay que saber, hay que estar dispuesto a gastar, o ni eso; por lo que aquí suele ser un menú del día sugerente (no fritanga estudiantil, sino por un poco más) vas a poder disfrutar de un excelente y exótico brunch, esa comida que funde desayuno y almuerzo en días festivos, propuesta de mesa tranquila, de descanso y placer culinario.
Yo he comido dos días MUY bien, platos diferentes y deliciosos.
Huevos 'overdone' (pasados por agua, vamos) con ... con cosas: rico rico

Y también he catado cerveza bien buena, suave como, parece, es de su gusto (y del mío, por cierto, soy de rubias y ligeras al paladar).
Así que, en fin, comer, me he hartado de comer. Bueno y malo.

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