09 noviembre 2011

BON IVER, "Bon Iver, Bon Iver"


Lo recordamos barbudo y leñador, asceta profano, gurú del aislamiento físico y emocional. Un chaval que se retira del mundanal ruido y vuele con una cumbre del folk del siglo XXI, "For Emma, forever I go"

Pero el camino de aquella obra maestra se recorrió con cada uno de sus surcos mayúsculos. ¿Hay más Von Iver que pueda interesarnos? La disyuntiva era obvia, o seguir el camino, el ejercicio de estilo (eso sí, desprovisto del alma, de la necesidad imperiosa que obligó a nacer a aquella obra, aprovechando las cenizas de diversos dolores para iluminar el cielo en un fulgor redentor... o algo así). O tirar por otro sendero. Dentro de unas líneas reconocibles (es el mismo quien compone y canta) esta es la vía que toma Justin Vernon (líder de "Buen Invierno") y era la única plausible.
Ahora, ¿lo ha conseguido con “Bon Iver, Bon Iver”? Para muchos, esto no es Bon Iver, sino otra cosa. Para otros, es y no es. Sumadme a este 2º pelotón. Porque sigo encontrando aquí la tristeza serena pero inabarcable, el apego por lo cinemascópico, lo grandioso, que no grandilocuente, y claro, la voz en falsete no cambia. Pero además, es otra cosa porque abandona el folk de guitarra y cuatro pinceladas electro para subirse a un tren de música ochentera, de soft-rock entendido de otro modo. Como si tras curarse de sus cicatrices en su debut, y tras cosas varias (Vernon es hiper activo, no se crean que sólo el silencio distancia sus dos discos largos como Iver), ahora viniese a curar las de un pop adulto que nació ya malformado, pretencioso, y que crece en bobadas de viejunos como Sting.
"Bon Iver", el disco, es delicado y exquisito, sobreproducido con conocimiento de causa, cargado de instrumentos mil (a los habituales del folk y del pop, sumen trompetas, corno inglés, vibráfono, saxos, banjos, viola, violín... vamos, que como diría Groucho, "y dos huevos duros"), pero no deriva ni encalla. Con todo este equipaje no falla en lo principal: las canciones. Exquisitas, inventivas, emotivas, con algún resbalón menor ("Beth/Rest" juega duro y se quema los dedos intentando hacer un Elton John en plan bueno, y claro, le sale horterada y caspa) pero con mucha canción muy muy mayor, como 'Calgary' y su suma y sigue de detalles delicados partiendo de un comienzo minimalista y eclasial, o como 'Perth' y sus dislocados ritmos marciales acentuando el drama. En fin, más Prefab Sprout que ñoñez inflada, para entendernos.
"Bon Iver, Bon Iver" es uno de los discos que pesarán, que se recordarán dentro de treinta días cuando comencemos a pensar en qué de bueno trajo 2011. Porque lo es, muy bueno, y lo ves, muy bueno, una vez rompes y rasgas la imagen de "lo que debe ser un disco de Vernon".


1 comentario:

Little Nemo's Kat dijo...

¡Gran reseña, don Octavio, sí señor! A mí la que más me gusta de un disco que me gusta entero es "Towers", una preciosidad.