26 diciembre 2011

LISABÖ, Animalia Lotsatuen Putzua

La eficacia de un monolito. Perfección recia, inquebrantable. Aristas cortantes, afiladas. Concreto y opaco, bien visible, nada tramposo. Muy básico, completo en sus pocos elementos. Así son Lisabö en su nuevo trabajo, un monolito de postcore totalmente irrompible.

"Animalia Lotsatuen Putzua" (El pozo de los animales avergonzados), toma sus parámetros donde los habían dejado hace cuatro años, como si fuesen los planos davincianos de un monolito sonoro. Y sin salirse del molde, repiten jugada pero para mejor. Pulen, abrillantan, y así la superficie de su música ciega más, por los brillos, y corta más, porque es toda aristas. Es, en fin, mejor que nunca, subiendo donde nunca se bajaba del diez sobre diez.
La música de Lisabö transmite angustia y el horror y la desesperación y la ira incontenida de conocer una atrocidad, una injusticia. De sentir DOLOR. Pero evidentemente aquí hablamos de arte. Lisabö nos enfrentan a una experiencia extrema, sí, pero artística, y por tanto hermosa (a su manera). Su música es como una apisonadora, guitarras como sopletes gigantes, dos baterías aporreando al tiempo, y esa garganta tentando la cordura con alaridos insoportablemente tensos. Aristas y planos inmutables de sonido extremo inquebrantable. Monolitos.
Lisabö son grandes, se podrían hablar de tú a tú con Shellac, Slint, los mejores Mogwai o Fugazi. Sin complejos. Han tomado el hardcore y lo han resucitado disco a disco, demostrando que la ira tiene su lenguaje en ese postcore que otros usaron como mero estilo. En cada golpe de baqueta, en cada llamarada guitarrera, en cada alarido de este disco (y cualquiera de los de Irún, por extensión) se demuestra que lo realmente feroz es tener un dolor con el que trabajar en música, no someterse a estilos y hacer ejercicios musicales (de core, de metal... eso es teatro, Lisabö te enseñan las llagas sangrando, y lo harían aunque hiciesen folk con arpa, lo apuesto).
Lisabö: tensados postcore
Pero esto no es folk con arpa, sino rock entre el impás más temible (es el balanceo del monolito, antes de derrumbarse) y la sacudida más mortífera, esas arremetidas febriles y desquiciadas que te dejan con los genitales de corbata.
"Animalia..." son seis temas donde el más breve casi dura seis minutos, montañas rusas, ritmos fracturados, poco adorno: ya no hay espacio para acordeones, violines u otras pomadas, aquí tenemos lo de toda la vida y a la yugular: guitarra, bajo, batería y voz. Generalmente por duplicado todo.
Nadie está a su altura en España salvo, quizá, Los Planetas, o Sr. Chinarro. Cada uno ocupa su universo, y todos contentos. Ahora suena en mi MP3 esta bestialidad (ríete del nu metal, pero a carcajadas) y no cabe el Psychojondo ni el pop de los otros dos. Aquí sólo cabe la angustia y ahí andamos: nunca antes algo que acongoja resultó tan adictivo. Gracias a la música, que canta Juan Pardo.
Disco nacional del año, lo veo cristalino como ve Pitita Ruidrejo a la Virgen María.



No hay comentarios: