18 diciembre 2011

MANEL en directo (en Vigo)

[Crítica publicada en Faro de Vigo el 19 de diciembre y retocada con mi blogo-bilis para darle el tono más personal que mereció el directo de Manel]
Melodía, Mediterráneo, música… Manel. 

La banda de pop catalá presentó su disco “10 milles per veure una bona armadura” en directo en Vigo con un lleno triunfal.


Abrió la noche Nicolás Pastoriza, ex “La Marabunta” que demostró tablas, solvencia y mucho buen humor (su entrada fue de aplauso, “no, no somos guapos, somos anticool y muy muy feos”, contestó a un espontáneo de esos tan graciosos que abundan en lassalas de conciertos). Y consiguieron empatía con un inicial canto a las penas del telonero o con temas punzantes como “Hoy le disparé al presidente”, que presentó como canción de amor y efectivamente lo era. Nada del otro jueves, pero si uno está deseando ver a la banda de cartel y el telonero es una sorpresa y, buen, al menos arrancó alguna sonrisa, la cosa debió ser buena, ¿no?
Pero por supuesto las estrellas eran los catalanes. Sala abarrotada, variedad absoluta: del universitario indie al día, al padre con su chaval, pasando por aficionados a la cançó que tuvieron sus “veinte” en la transición o incluso familias catalano parlantes. Y muchas ganas de corear esas perlas de pop y folk que ya han conquistado las listas de ventas.
Entran en el escenario, y aunque escuchando sus dos exuberantes discos se diría que Manel es toda una “Big Band” compuesta por diez o catorce intérpretes, en realidad son cuatro músicos y así, como ortodoxa banda pop de cantante, guitarras, bajo y batería, se presentaron en la sala Mondo la noche del viernes 17, abriendo su show con "El Miquel i l'Olga tornen". Un tema que en su versión de estudio se articula alrededor de dos voces chico/chica y que sobre las tablas su parte femenina fue sustituida, sin problemas, por Roger, el guitarra. Este enfoque natural de los elaborados temas de  “10 milles per veure una bona armadura” (su último disco y excusa para esta gira por tierras gallegas) fue premonitorio de lo que sería todo el concierto: donde tenemos unos discos de producción exquisita, con desfile de instrumentos, arreglos mimosos e incluso voces invitadas, sobre las tablas descubrimos a un cuarteto clásico (con, eso sí, ukelele y clarinete para sazonar el plato básico). Pero nada más hizo falta para expandir la fantástica brisa mediterránea de su música.
Manel destacan por muchas cosas; por un gusto exquisito en la producción de sus temas, por unas melodías primorosas al alcance de muy pocos, por saber hacer propias unas influencias que van del Joan Manuel Serrat o el Jaume Sisa más clásicos, a hermanos mayores como “Antonia Font”. Son luminosos y claros como un día de levante, exquisitos por el cuidado y buen gusto a la hora de elegir el instrumento pertinente, el coro justo. Sus letras poseen un refinado humor, y son dueños de una lírica personal, costumbrista y onírica al tiempo que se revela en unas letras absolutamente embriagadoras. Alejados de toda obviedad (que nadie pretenda emparentarlos, por favor, con esa ola de cantautores-clon que asoló los noventa, mierdas de calibre XXL como Rosana y su glucosa, o ese que temblequeando la voz se imagina que suena a “Mediterráneo”) resultan no obstante enormemente accesibles. Y en directo consiguieron transmitir todo ello: las influencias y la personalidad, la belleza melódica y la conjunción harmónica. Pero sobre todo, brillaron con su sobria puesta en escena y por un espíritu narrativo impagable. Guillem Gisbert, frontman y voz principal de Manel, entró serio e incomunicativo, para pronto mostrarse agradecido y respetuoso, tratando al respetable desde un inamovible “señoras y señores”, y no pocas veces fue capaz de interrumpir canciones en su mitad para contar fábulas de magia y ensueño, o de falsa biografía personal como cuando relató el enamoramiento del percusionista Arnau Vallvé por la belleza de una Guardia Civil del aeropuerto de Barcelona. Historias que servían para introducir los temas, o capaces de recabar la ayuda del público para, uno más con la banda, cantar melodías para “desatascar al bajista” –como si este fuera un muñeco mecánico que necesita del canto coral de la audiencia para seguir tocando más allá de una nota encallada- o para, todos juntos, público y banda, consolar al personaje enamorado sobre el que estaba cantando en "Deixa-la, Toni, deixa-la".
La dolorosa y preciosa “La cançó del soldadet”, “Boomerang”, “Ai, Dolors”, “Aniversari” (que lució incluso desprovista de lo arreglos ensoñadores que la hacen una de las canciones del 2011, pues fue uno de esos momentos de interacción realmente ocurrente), “Al Mar” o "En la que el Bernat se't troba"   fueron algunos de los grandes momentos del concierto. Otro, sin duda, "La Gent Normal", su ya célebre versión de “Common People” de los ingleses Pulp que entró en unos bises reclamados en catalán por el público (“¡Un altra!”, se repetía desde las primeras filas).
Y lo mejor que se puede decir de la ejecución de esas y otras joyas de su repertorio es que La Magia, y no la técnica, es lo que realmente hace especiales los directos: la música, algunos lo pensamos, no  vale en tanto que perfección en la ejecución o dominio técnico. Eso está bien, pero no es el esqueleto, los andamios, la base necesaria... estoy plenamente convencido que algún día un orangután (sabiamente implementado por descargas eléctricas en los huevos, quizá) podrá tocar la eléctrica como Hendrix, pero jamás nuestro primo naranja tendrá el intelecto para crear ambientes, promover ensoñaciones desde un escenario y transportarnos a un lugar mágico. Manel el sábado superó cierto empaste del sonido (no todo lo nítido que hubiera podido ser) y con su actitud y talento convirtió a la audiencia de espectador más o menos pasivo, en un personaje más de sus cuentos musicados. Quiero decir: no recuerdo un punteo, un redoble ni un coro especialmento, pero lo que sí permanece en el recuerdo es el hechizo, inaprensible, que supieron esparcir esa noche.
Venga, una de Manel en directo:

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