04 diciembre 2011

TOM WAITS, "Bad as Me"


Tom Waits
Tom Waits ha vuelto y toca la retahíla de tópicos a la sazón: perro viejo, el espíritu del vino, la fonda portuaria y el burdel nocturno, el polvo del camino y el canto presto en el puño, etc etc. Vuelve el Hombre con su cancionero, a base de baladas crepusculares, jazz, blues y rock.

Destilados los tópicos podemos establecer otro: es difícil pensar que La Voz puede entregar algo "malo", incluso si trabaja bajo mínimos. Le bastará mantener esos mínimos, sus signos vitales, sus tópicos, para caer en gracia. Y la verdadera gracia está pues en dilucidar si "Bad as Me" es excelente otra vez o simplemente bueno. Lo primero que llama la atención es que el disco rechaza el modelo conceptual (hablo de sonido) de su último trabajo de estudio (sin contar con reopilatorios y directos), el magistral "Real Gone" de 2004. Y además "Malo como yo" carece del hálito salvaje y destroyer de aquel, o de un espíritu de avance que haga arquear cejas al oyente (y es que "Real Gone" amigos, y no me pregunten cómo no lo reseñé en su día... "Real Gone" es bocata di cardinale). De hehco la escucha de "Bad as Me" es hasta fácil y agradecida. Y además, variadita. Aquí podemos encontrar todos los polos del mejor Waits, de las baladazas perfectas al blues dislocado, del gemido fino al regurgitado verbal. Y lo mejor es que como digo, todo entra a la primera. Entonces, ¿"obra bajo mínimos"? Pues no. Más bien se diría que Waits ha querido hacer su disco, si no "comercial" (que no) sí más accesible. Sin renuncias, ojo. Y ahí gana (otra vez) la batalla. Percecto, variado y asequible sin renunciar a su coraza musical, francamente una armadura ajena a formulitas facilonas o trucos de mago barato. Se ve que hay calidad, que cantaban el Grupo de Expertos Solynieve...
El gusto por el detalle sigue depurándose más y más: ahí está esa urbe caótica de vientos y metales cruzando veloces el blues "Chicago", los aires latinos de "Back in the crowd", que también parece un guiño a Roy Orbison, o el villancico-dentro-del-villancico de "New Year's Eve". Las baladas son mayúsculas. Los ladridos, temibles y afilados (del superlativo ejercicio vocal en "Bad as Me", casi un diálogo consigo mismo, al fiero alegato antibélico "Hell Broke Luce", un Tom Waits tan salvaje que te entran ganas de subir al tejado y aullar como un loco)
62 años, 38 haciendo música. Sin concesiones comericales. A su bola. Certero. Renovando el clasicismo sin sonar a clasicista.  Y en su nueva obra, otra vez perfecto. Maestro. De maestros.

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