Revisar gracias al canal de cine de La Sexta, inesperadamente, sin programarlo y "porque la están echando" la versión que Francis Ford Coppola realizó del mítico conde Drácula el 1992, resulta curioso de un modo personal, porque (y aunque he de advertir que ayer no pude terminar de verla, llámenlo sueño...) mi consideración,en todo este tiempo, no ha cambiado ni un mínimo.
La película es un artificio soberbio, megalómano, repleto de momentos memorables que se mezclan con decisiones ambiguas. Uno se siente al tiempo fascinado y estafado, y posiblemente en esa tensión radica el poder de imantación que tiene la cinta (porque aunque deserté, lo cierto es que estaba enganchado nuevamente, tras tantos años sin 'revisitar' la película).
Provoca rechazo el ego que desprende desde su falso título, pues esta historia apenas guarda relación con el libro de Stoker en su recorrido argumental básico (el primer viaje de Jonathan Harker, el trayecto mortal del conde embarcado, la conversión vampírica de Lucy, la caza del vampiro por un grupo capitaneado por el profesor Van Helsing...) pero evidentemente la reconversión de todo este hilo de acontecimientos en una historia donde el monstruo se convierte en figura trágica de romanticismo exacerbado está fuera de lugar... o no. ¿Debe importarnos que un autor -y si Coppola no es "auteur" a ver quién lo es- tergiverse un original para ofrecernos su mirada personal? No, claro. Y en este sentido todo el viraje me parece a priori digno de aplauso y crea un nuevo vampiro. El problema es que, me temo, resulta tópico (nada que ver, por ejemplo, con lo que hizo Abel Ferrara en "The Adiction", o más recientemente Alfredson en "
Déjame entrar" o incluso Alan Ball en "
True Blood").
Sospecho, así, que Coppola no solo quiso dar su versión del siempre fascinante asunto vampírico, sino canonizar su mirada, y esa mirada presuntamente magnífica y renovadora tiene, a mi entender, pies de barro. O dicho de otro modo, abunda en demasiados tópicos y apenas aporta gran cosa. Al fin y al cabo, la recreación de Gary Oldman (que está brillante en su desmedida interpretación) simplemente incide en el hálito romántico y sexual que ya ofrecía el Drácula de Terence Fisher.
Pero el director quiere sobrevolar (¿superar?) todos los grandes momentos ya no solo de la historia cinematográfica del vampirismo con citas nada veladas a "Nosferatu"...
 |
| Mi sombra es expresionista como las de Murnau |
... también evoca el cine licantrópico (y a "La Bella y la Bestia" también... a mí esta piel del vampiro hasta me recuerda a Bestia by Disney)...
 |
| Bella y Bestia son, a la luz de la Luna Llena |
...y hasta juraría que se pasea por el terror italiano a la Mario Bava, sexual y voluptuoso en las formas, los colores, los movimientos actorales... aunque aquí admito opiniones: hace siglos (u
océanos de tiempo, sería más adecuado en este contexto) que no veo cintas de terror italiano.
 |
| "Questo é voluttuosso, erotico" |
Pero, pero... la verdad es que el mejunje está sabiamente cocinado, hay imágenes y escenas de poderosísimo impacto sensorial, de esas que ya están en el imaginario popular asociado a lo vampírico,
 |
| Hay muchos Dráculas para el recuerdo, y uno es este |
...y hay, cómo no, una escenografía impactante (la cinta se rodó totalmente en estudio, otro acierto que dota de una plástica muy potente a la obra), unas interpretaciones tan manieristas y anti-naturales como acertadas (el tono fabulesco exige este modo irreal, pienso, y es un sabio acierto de dirección), y una banda sonora arrebatadora. También, por supuesto, tórridas escenas vampíricas, que ya sabrán, es algo que personalmente me puede (me encanta la iconografía de los chupasangres). Y aplaudo el acierto de insertar la trama en una época diferente a la de la novela, ubicando la historia en los albores del arte cinematográfico, lo que ofrece, aquí sí, un discurso novedoso y fascinante, equiparando al vampiro con el cinematógrafo, dos criaturas que en la base de su supervivencia se dedican a robar cuerpos e incluso almas (los contratos que las grandes productoras del más boyante Hollywood ataban la voluntad de sus estrellas, ¿tan lejos está eso de lo que hace el conde con Lucy, por ejemplo?).
 |
| Dracula y la imagen cinematográfica, ¿dos iguales? |
Y en fin, si conseguimos olvidar del sinsentido de su título (de Stoker nada), y entender como moderada virtud el ego del autor de "El Padrino", creo que este "
Dracula de Bram Stoker" ofrece momentos de gran cine para las masas, entretenimiento y espectáculo con generosas gotas de fascinación visual, e incluso reflexión subyacente a la historia contada (incido, la relación cine-vampiro tiene muchas aristas, como el contraste entre lo viejo y lo nuevo, o...)
No es poco. Lástima de 'peros' tan estridentes, imposibles de ignorar. No habemus obra maestra, y hubiera podido serlo.