21 febrero 2012

BEOWULF, de Robert Zemeckis

Inesperada sorpresa, o no tan inesperada, pues todo lo que leí (on line, en revistas de papel, en todas partes) sobre la última peli de Rob Zemeckis era bueno o muy bueno.
Y ciertamente esta recreación de un mito nórdico con dragones y matadragones resulta una cinta de animación sorprendente, de acabado 'hipernaturalista' que por primera vez se siente como necesario y no molesta, porque da el tono: hay aquí algo de hiperrealismo pero distanciado por lo inverosimil, lo cual sienta como un guante a una gesta de aromas mitológicos, legendarios, y que como toda leyenda se balancea entre la historia y el mito, la religión y los hechos pasados.
Es muy interesante (y evidente) la mano del coguionista Neil Gaiman, que aporta dosis de posmodernismo y lecturas "contemporanizantes" a Beowulf el matadragones. Todo está bien medido, desde su ego desmedido a su heroísmo como algo injerto en su adn, pasando por la revisión cargada de grises de lo monstruoso, donde el mal no es simplemente lo demoníaco y el bien dista mucho de los petimetres de las gestas mediavales. El heroismo de Beowulf, en el fondo, se sustenta sobre mentiras pero se defiende desde una fisicidad portentosa. El cuerpo sobrehumano como matriz para unos actos de mezquindad, desde la debilidad ante la embaucadora belleza a la insensibilidad ante lo que solo es ira informe y asustadiza de un niño.
Y todo empaquetado en un producto de factura excelente. Basta recordar el tenebroso primer encuetro del vikingo con la madre-dragón, un sueño espectral que deviene terror puro, a numerosas escenas tan impactantes como embelesadoras: cada aparición de esa "Angelina Jolie" que es la dragona, la cámara lanzada a angulaciones y trávellings imposibles en las escenas de acción, el empleo fabuloso de los efectos de sonido -cada uno de los emitidos por Grendel, por ejemplo-, el tono absolutamente adulto de la cinta... muchas cosas gustan de "Beowulf", película injustamente ninguneada (solo, por cierto, por atreverse a insistir en una técnica, la de la captura en movimiento, que parece no gozar de buena reputación, pese a que año tras año los enormes avances tecnológicos permiten que se emplée con mejores resultados, caso del presente cuento de héroes y mentecatos).
Blockbuster de acción trepidante y mucha testosterona para pasar un buen rato y pasar página rápido, que sin embargo, ahí abajo, tras las primeras cortinas de saltos, espadas, golpes y batalas, esconde una disertación moderna (o "moderniqui", incluso, si nos ponemos maliciosos) donde el puro artefacto de mero entretenimiento demuestra que puede portar contenido. No es una tesis doctoral, vale, pero sí que defiende ciertas reflexiones sobre la vanidosa naturaleza de la masculinidad y su patológica necesidad de mostrarse poderosamente heróica, incluso a costa de su propia felicidad personal y vital. ¿Vivirías una vida de tormento como precio para ser considerado el Hombre más grande de tu tribu/comunidad/sociedad/país/canal de televisión? Piénsalo bien, la respuesta no es fácil, y supone, al final, aquello de lo que habla esta recreación de un poema ancestral.

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