03 marzo 2012

LA INVENCIÓN DE HUGO, de Martin Scorsese

"La invención de Hugo Cavret" es un curioso libro infantil firmado e ilustrado por Brian Selznick (nieto del productor cinematográfico de mismo nombre) que mezcla narrativa dibujada, algo de fotografía y breves textos literarios. Y es el pretexto para Scorsese para adentrarse en un terreno ignoto en su filmografía: el cine infantil y familiar.
La cinta es en 3D, y no, no me parece gratuito... el autor de "Taxi Driver" está reivindicando al cine como máquina para soñar, para meternos en una nueva realidad, y lo hace con una técnica no tan nueva, pero sí llevada hoy día a sus últimas posibilidades.
"Uno de los nuestros" ofrecía un plano-secuencia ya antológico: siguiendo al protagonista, sin un solo corte nos introducía a su lado en un restaurante de lujo donde recibía, por ser él quien es, un trato de favor desmesurado. Saludando a todos, bromeando, dando manos y abrazos, entrando en las cocinas... hoy, veinte años después, martin Scorsese nos introduce sin compañía (el 3D nos convierte en parte involucrada) en otro plano secuencia que va del cielo (no recuerdo ahora si empieza con la luna, creo que sí) a un París de ensueño, y llega a una estación de trenes, entra dentro y se pasea por su micro cosmos humano... para terminar en el reloj de la estación, su esfera, y a través de la mirilla que supone uno de sus números huecos, el ojo de un niño. Hugo. Que obserba la vida a través de ventanas... ¿pantallas? Un niño observa una realidad desde fuera, entre maravillado y esperando a invadir esa realidad (para hurtar comida, por ejemplo).
El ojo de un niño es lo que el italo-americano quiere que seamos, nos ha metido de lleno en su realidad paralela y nos asombra de modo análogo a cómo los hermanos Lumiere asustaban con "Llegada de un tren a la estación" en 1896 (con la tecnología).
La película está siendo tan alabada como atacada. No me extraña, porque a su modo participa de una radicalidad similar a la de "Toro Salvaje". El falso blanco y negro y el frenesí tras la cámara participaban entonces del tono agrio y duro de la vida de La Motta. El tono ensoñador y, sí, ñoño, lo hace de un modo igualmente intenso ahora, en "La invención de Hugo". Pero las intenciones son opuestas, y (en cierto modo) más radicales aún. No se trata tanto de ilustrar una vida como de plantear una idea que en la cabeza de Scorsese es una constante: la nueva (y excelente, ea) cinta de Scorsese sintoniza con su mirada, siempre fervorosa, entregada, entusiasta y apasionada, a la historia del cine. La que le lleva hasta documentales como "Un viaje personal de Martin Scorsese por el cine americano" o su continuación por Italia. La del hombre que se siente salvado por el cine, a través del que supera la encrucijada de una juventud entre la fe y la violencia callejera. Creo que hay pocos autores cinematográficos tan enamorados del cine mismo y tan vehementes y entusiasmados en esa idea. Y ninguno, desde luego, que profese tal fervor y con tanta intensidad siendo al tiempo un clásico absoluto... Scorsese en uno de los directores más importantes de la historia del cine, eso es indudable. Pero parece sentir el séptimo arte con la misma "fe" que tenía en sus inicios... un amor que le lleva en "La invención de Hugo" a convertirse en el fotógrafo que inmortaliza un retrato de Meliés inaugurando su estudio cinematográfico. Es significativo.
Medicina para el alma, el cine es magia para Scorsese. Punto.
Y así "La invención de Hugo" además de un cuento delicioso para niños, lleno de miel y azucar, original y hermoso desde su referente literario, es mucho más. Es la última carta de amor a ese invento que viene a reivindicar en la figura de Georges Mélies: el cine como arte capaz de provocar magia y fantasía, el cine como un modo de contar historias imposibles y maravillosas (en este sentido, la cinta se centra en el Mélies fantástico obviando sus otras facetas, como el creador de falsos noticiarios, género de reconstrucción muy en boga en los albores del cinematógrafo... al autor de "Gangs of NY" le interesa, al menos aquí, la magia del cine).
Bien, es cierto que en su desarrollo argumental sobran personajes (el policía histrión puede ser prescindible) y que hay más dulce de leche en sus fotogramas que en toda Argentina, pero esa es la idea. No se trara de emocionar al espectador a toda costa (Spielberg) sino de transmitir la emoción personal, interna, pura, absoluta y real de su autor. Es metáfora, no relato. Y el relato, entonces, puede naufragar (tampoco me lo parece, no es perfecto, pero no se hunde) pero la idea abstracta que representa esta cinta refulge poderosísima.
"La invención de Hugo" es una de las cartas de amor al cine desde el propio cine más intensas, sinceras y transparentes que recuerdo. Y lo mejor de Scorsese en lustros.

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