21 marzo 2012

LES LUTHIERS, "Lutherapia"


No importa demasiado que ahora Les Luthiers organicen su actuación como una historia orgánica, antes que como una gala lírica al uso con presetación de distintas piezas. "Lutherapia" escenifica un tratamiento psicológico de diván que es interrumpido por representaciones, musicales, de los asuntos tratados en la consulta.
Más allá de este avance anecdótico, tenemos lo de siempre: un quinteto de músicos-y-humoristas que hacen equilibrios entre la composición y la interpretación bufa. Y nadie camina sin red a tal altura. Parece mentira que Les Luthiers lleven en el candelero cuarenta y cinco años, presentando sin excesivas variaciones el mismo gag, los juegos de palabras ingeniosísimos, la parodia ácida del mundo moderno y su estulticia general, el humor pícaro, elegante pero sexual, la mofa con los totalitarismos o los militarismos, el gesto mímico, y por supuesto su repertorio, que no deja de ser la recreación ortodoxa de géneros musicales diversos (del barroco al rock, pasando por las músicas folclóricas latinoamericanas o el blues algodonero). Y como no, los instrumentos informales, ese montón de latas y cachivaches convertidos en violines, percusiones, metales y lo que sea (en "Lutherapia" destacó la "exorcítara", instrumento luminoso inenarrable).
Parece mentira, por ejemplo, que todo esto ya estuviese ahí en 1988, año en que los re-descubrí (antes los había escuchado en disco, pero fue por aquel entonces cuando emitieron uno de sus shows por TVE, la que había), y que 25 años más tarde siga funcionando con la precisión implacable de un cuco suizo. Porque sí, ayer todo era hasta predecible (los chistes verbales de Daniel Rabinovich, las salidas de tono disparatadas de ese payaso serio que es el barítono Marcos Mundstock, eterno maestro de ceremonias, etc etc), pero inevitablemente, también hilarante.
Les Luthiers son como esos efectos mariposa con miles de fichas de dominó, sabes lo que va a pasar con meridiana claridad (siempre con la sorpresa del nuevo circuito diseñado) pero inevitablemente no puedes apartar la vista ni dejar de asombrarte.

Por supuesto hubo picos, como el tarareo conceptual de "Aria agraria" o este "Dilema de Amor", tras cuya escucha jamás volverás a ver con los mismos ojos el apasionante universo de la epistemología.
 

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