25 mayo 2012

a day in the life: druidas, caníbales y surferas

La mixtape  que fue mi vida durante la tarde noche de ayer necesariamente tenía que porvocar una tormenta de ideas entrópica y futil que, gracias a la red de redes, hoy por hoy soy libre de canalizar y redimensionar lanzándola al mundo vía este blog. Lo que a continuación vas a leer pasa por un slice of life ombliguista, citas a la telebasura y a la ópera clásica, aviso. Así que ala, buenos días, hasta el siguiente post.

O qué bueno que se quedaron gueys, ahora acompáñenme, amigos...

Ayer durante unas cinco horas, las que van de las 20.30 a la una de la madrugada, he pasado por una turmix cultural absolutamente cacofónica, pOp!, fabulosa. Porque no es normal empastar en tan poco tiempo una ópera en directo, la emisión de una gala de Gran Hermano (visionado parcial, confieso) y "Holocausto Caníbal" prácticamente entera.
Lo primero, el bell canto. Bellini, "Norma", cita de encargo (ya saben, crónica periodística local) donde sin duda disfruté de altísima cultura. Una historia romántica (decimonónica, vamos) con amores y desamores, sacerdotisas de la luna, hijos en rollo "Isaacsiano" (o "te voy a pasar por la quilla, hijo") y bellisimas canciones y voces. Y atrezzo, vestuario... bueno, una Ópera, así, con mayúscula.  Alta cultura de esa, señoras engalanadísimas y jóvenes mozas radiantes de belleza y estilo. Y caballeros de traje y pañuelo sutil. Todo eso.
Altisísima cultura
Luego en casa, tras cumplir con la autoridad pertinente decidí dar un volantazo. Pero a tope, duro-duro, y sí, ¡oh, sí nena síiii!!, puese Gran Hermano, esa gala, esa Mercedes Milá que fusiona la profesional perfecta con el histrión mayúsculo. Inciso. Estoy yo haciendo un curso en la cadena SER viguesa, grabando en sus estudios, conociendo ese oficio, la locución, la edición, etc etc, y aparte de divertirme de lo lindo, aprendo algo y sobre todo ahora me fijo. Merceditas Milá sabe, es un animal catódico y comunicativo. Pero también se le ha ido la olla. Del todo, irremediablemente. Ver lo de ayer y comparar ya no digo con su etapa setentas u ochentas, sino con la primera edición de su "experimento sociológico", se convierte en dolorosa prueba de que morir de ego es muy posible.
Pero lo que más me escandallizó fue el caso, brutal, de una niña-cobaya-concursante. Una chica que, resumiento, le gusta el surf, es canaria y, siendo de caracter casquivano y con un cráneo donde el eco resuena con fuerza (intuyo), primero se lió con un guapo mozín, luego la mandaron a la otra punta del planeta unos días y le pasó la lengua a un brasileño hasta por el páncreas (y le tocó la zambomba como si fueran las navidades del fin del mundo, de paso) y finalmente regresó a GH Spain donde se calló lo suyo por las américas.
Que me da igual, pero se ve que el escarnio hacia la chavala ha sido de traca, y se hacía evidente que "esta niña está mal". Depresión ciclotímica de caballo. Niña boba indefensa ante el Tiranosaurius carnívoro Tele5. ¿Gran Hermano no "contrata" a sus ratoncitos?¿y no está esta chavala como para una baja? A la luz de lo que ví, sí, para una y para veinte. Pero da igual, ¿no, T5? Tutto por la audiencia, incluso un trauma perenne que te pesará de por vida. Pobre niña.
Cultura hasta las cejas
Y entonces, toma otro giro hardcore, veo que en un canal de esos están emitiendo "Holocausto Caníbal", coño, me lo llevo. Y la verdad, menudo peliculón.
A ver, la pillé en una escena en que un grupo de seres humanos destripaban un cocodrilo. Fiesta de los higadillos, no los toques, por favor, que cantarían los vigueses Golpes Bajos. Pero en Holocausto Caníbal tocan, aprietan, esmagan y amputan. De tó y a bocajarro: poyas, niños en vientres gestantes, cráneos de monos... no se preocupen, para descansar de tanta aberración tenemos varias violaciones.
Vamos, que "HC" es lo que es, es MUY gore y poco agradable (no te jode, salvo que te agrade ver cómo le cortan una pierna a un pavo a machetazos y sobre la marcha). Pero...
Menudo film, señores, el de Deodato. Porque la cosa no está en las vísceras y las salvajadas, sino en el asunto. Argumento según Filmaffinity: "cuatro jóvenes documentalistas se adentran en la selva amazónica para realizar un reportaje sobre las tribus que habitan en esa región, de las que se dice que todavía practican el canibalismo. Debido a la desaparición de los reporteros, dos meses después un grupo de rescate es enviado para averiguar qué ha sido de ellos; lo único que encuentran es el material filmado sobre su terrible fin."
Cultura trash; hurgando con el palillo
Y así, Holocausto Caníbal es un cruce de cine documental falso, trama de relativa intriga y "cine-dentro-del cine", pues el grupo de rescate lo que plantea es la edición de ese material fílmico para explotar comercialmente el asuno en salas cinematográficas. De modo que bajo el envoltorio de reluciente barbaridad grumosa, sanguinolenta y caníbal (no se escatiman imágenes) se proponen reflexiones, muchas. La primera, la mirada de la civilización como elemento generador de destrucción en este mundo nuestro. La segunda, la ausencia de ética de esa supuesta civilización (los primeros en practicar todo tipo de amoralidad son los expedicionarios). También tenemos una reflexión negativa, ya que la mirada sobre las tribus "no contaminadas" evidentemente no es demasiado benévola (eh, son caníbales, y capaces de asesinar a mujeres embarazadas y de empalarte vía anal por llegar 10 minutos tarde a la partida de brisca).
Luego tenemos el falso verité que años más tarde tanto emocionó en "El proyecto de la Bruja de Blair" y que aquí ya estaba, en 1980. Eso sí, se supone que las imágenes grabadas por los antropólogos han sido editadas añadiendo una música quienes finalmente las encontraron perdidas en la selva. Habría que matarlos con cualquier método aborigen de esos, porque menuda música...
Y sobre todo tenemos una idea de ética cuando la productora se enfrenta a las imágenes, para deliberar si todo aquello es susceptible de ser comercializado por su interés científico y sociológico (cortando un poco, aquí y allá, matiza quien defiende esa postura) o si directamente es mejor quemarlo todo y correr un velo sobre el asunto. Al final, moral impera (y nuevamente la mirada ario-centrista sobre el asunto), la cosa muere en esa proyección privada. No es un final feliz, porque brotan más y más ideas (última frase, algo así como"todos somos caníbales", dicha en un entorno urbano de rascacielos y "civilización"), pero responde a un grado moral. Hay cosas que no son merecedoras de salir a la luz, de mostrarlas.
Yo, de momento, sólo sé una cosa. Si Mercedes Milá encuentra esas cintas plenas de aberraciones, se proyectan. A las cuatro de la tarde, para que luego hagan el debate de turno en La Noria, por supuesto.

2 comentarios:

Int dijo...

A pesar de la moda que se ha adueñado (o ya podemos hablar en pasado) en las últimas propuestas en cine de terror, filtrando los argumentos más estereotipados a través del impostado cinema verite (o como se conoce "found footage") -y en el que no faltan algunas experiencias notables como la primera "Paranormal Activity" o "El último exorcismo"-, a día de hoy, "Holocausto caníbal" sigue siendo el único título que consigue dar gato por liebre. ¡Y tanto! Como que en su momento la revista española Interviú publicó un reportaje con fotogramas de la película asegurando ser reales. Y los propios protagonistas tuvieron que hacer presencia en un juicio en Italia para demostrar que no habían sido masacrados en plena selva, que estaban vivitos y coleando y que todo era ficción (bueno, casi todo, que se lo digan a la desgraciada fauna local).

"Holocausto caníbal" puede considerarse la obra maestra del género mondo (que comenzó siendo una serie de sensacionalistas documentales centrados en explotar las miserias más morbosas del tercer mundo para, poco a poco, penetrar en el terreno de la ficción)y lo es tanto por su descarada pero eficaz coartada antropológica como por el talento de Deodato a la hora de conferir a sus imágenes un tono sucio, sumamente sórdido (tanto en lo físico como en lo moral) que consigue elevar el truculento espectáculo de atrocidades que supone todo el metraje del bajovientre del espectador a su cabeza.

Y, por supuesto, a una impecable técnica -en cuanto a fotografía, FX o interpretaciones- tan sucia y torpe en apariencia como sumamente cuidada y estudiada en el fondo. Y sin olvidar la extraordinaria banda sonora de Riz Ortolani.

PD.: ¿el neomondo se ha trasladado a las pantallas de TV? ¿Los realities sacrifican a sus concursantes a una audiencia sin piedad y con sed de sangre fresca y nueva como los indígenas ofrecen a los incautos reporteros a sus dioses? No son reflexiones baladí, pardiez.

Octavio B. (señor punch) dijo...

supongo que tu PD se puede engarzar con mi última reflexión en el post, claro que sí...