06 mayo 2012

THE DEVIL AND DANIEL JOHNSTON, de Jeff Feuerzeig

El arte y la locura. En "The Devil and Daniel Johnston" hay un momento en que un galerista de arte establece una comparación entre el cantante y Van Gogh que no me parece ociosa en absoluto. El tema de fondo de este fascinante documental no es otro que el arte y la locura. El genio y la fragilidad, el deseo de trascendencia y los demonios del Yo, bipolarismos en conflicto permanente e irresoluble.
Daniel Johnston es uno de los nombres propios de la historia con mayúsculas del rock, la que no iluminan los vistosos focos ni  los oropeles mediáticos pero, desde la sombra, cambian el paisaje musical durante generaciones. De la camiseta lucida por Kurt Cobain en la MTV al weird folk que arrasó en la primera década de l siglo XXI, la sombra de Johston es muy, muy larga. Y su leyenda también, claro.
Deseos juveniles de fama y gloria
No se trata de usar un post sobre el documental de Feuerzeig para glosar al músico, pero sí cabe decir que hablamos de un tipo que desde preadolescente lo grabó todo. Su música en cientos de casettes, su vida en cintas de súper-8 y declaraciones en más casettes. El director utiliza todo este ingente material (y algunos de sus muchos dibujos, ilustraciones que hoy son objeto de deseo museístico y galerista) para documentar la vida del cantante y su progresivo deterioro, desde la latencia cuando era un teenager hasta el colapso mental tras conocer el LSD (quizá de la mano de Gibby Haynes, de los Butthole Surfers, entrevistado en una escena impagable desde la consulta de un dentista... escatología hardcore).
Delirios místico-religiosos, paranoia, humor aleatorio y siempre extremo, bohemia, desgarro interno, adolescencia perpetua (imposible comprender su amor eterno por una muchacha que lo encandiló a los quince... impactante la escena de un Johnston ya cincuentón cantando a aquella chica con los ojos vidriosos del dolor por el amor perdido... un amor de cuasi-infancia, insisto), consecutivos internamientos en manicomios... y talento. Talento a raudales para clavar melodías perfectas desde el lo-fi antes del lo-fi (de hecho una década antes), para cincelar un universo poético de imágenes recurrentes, infantiles, para fotografiar su desgarro emocional. Talento para interpretar folk desde el trastero de su casa con una voz desgarbada y frágil que no teme al fallo técnico, y con una curiosidad pura hacia el piano y la guitarra, que toca casi sin saber tocar.
Todo esto queda perfectamente retratado en la película, que nos revela como fantasmogénesis espectrales las grabaciones caseras de toda una vida, las intercala con entrevistas en presente (sobre todo a los padres del artista) e imágenes de archivo (actuaciones diversas de Daniel, jamás ortodoxas... lives en que el cantante interpreta en medio de un perturbado llanto incontenido, o en estados de euforia, o, claro que sí, apaciguado por el tratamiento psiquiátrico). El director retrata desde fuera, tan solo se involucra en un momento de intensidad escalofriante cuando el padre del loco artista se derrumba ante la cámara, reconduciendo su ánimo, nuevamente, a la sesión de preguntas, para que no se hunda en la pena y el dolor ante la cámara.
La mirada derrotada tras la sonrisa
Vano intento, claro. Esta cinta está pulida a base de momentos escalofriantes, angustias irresolubles de un alma perdida en sus laberintos internos, y miedos irresolubles. El final, con los padres sentados preguntándose qué será de Daniel cuando ellos mueran... con el propio cantante entre ambos, mirando a cámara impertérrito (no sé si sereno o simplemente con el alma de paseo por Venus) es de escalofrío. No menos que unos créditos finales con Jhonston bailando su propia música, documento tristísimo de que la historia no ha terminado, que la locura, por supuesto, sigue instalada en el cerebro y el corazón del artista.
Uno de los documentales musicales más bellos y terribles que conozco, alejado del elogio y la mítica y hundiéndose en el misterio doloroso del acto creativo y la genialidad del loco. Una dicotomía que "The Devil and Daniel Johnston" desviste del glamour que tanto idiota biopic ha vanalizado (el malditismo, el genio chalado, etc. etc.). En esta lucha entre el artista y el demente sólo resta dolor y una enorme tristeza empática, que fluye libre entre los fotogramas y el espectador. Brillante.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Vi la pelicula The Devil n' Daniel Johnston y quede realmente fascinada y conmovida con este magnifico personaje... Antes de la pelicula nunca habia escuchado de el, y ahora que lo conozco, no solo lo escucho si no que lo llevo. Un artista verdaderamente admirable.