08 mayo 2012

MY BLOODY VALENTINE EPs 1988 - 1991, de Ellos

MBV; torturando al sonido
Leyendas de perfeccionismo, de locura, de obsesión por encontrar un cosmos de sonido. My Bloody Valentine son, con los Beatles del "Sgt Peppers", las escapadas cósmicas de Syd Barret, los pozos abisales de los primeros Sonic Youth o los delirios de Brian Wilson con el inacabado (bueno, ya no) "Smile", uno de los faros en eso que una parte de la historia del rock ha capitaneado: la exploración de los límites del sonido sin renunciar a la musicalidad (quiero decir, autores que no se contentan con crear texturas y frecuencias sino que quieren hacer las mejores canciones de la historia). En 1991 acabó (nunca oficialmente) el viaje de la banda. Intentos de superar o simplemente continuar la perfección de "Loveless" ahogaron al grupo, que apenas volvió a firmar un par de versiones en discos homenaje. De momento al menos.
Así que, pura leyenda viva del rock, que Kevin Shields (cerebro del cuarteto) haya remasterizado los maxis de la banda y los ofrezca en un doble cd acompañados de ultrararezas (temas editados solo para algún país, por ejemplo) e inéditos que acumulaban polvo en un cajón... evidentemente es un acontecimiento que se saluda casi casi como "lo último de". Ojo, no lo es, hablamos de piezas con 20 años largos. No importa, es material de rastreo obligado por E-Mule durante años, y ahora con el sonido pulido y empaquetado en un único CD, tiene un interés enorme y se muestra revelador.
My Bloody Valentine EP's: viaje a las pupilas del Sonido 

Porque el viaje astral que va de la súpernova "You made me realise"  a "Moon Song", el cierre de "Tremolo EP" o antesala directa a su cumbre "Loveless"... más que un viaje es un libro abierto. Y una experiencia por la mente genial de un autor que crece en la persecución de un sonido seráfico y mefistofélico, capaz (y capaz simultáneamente, al mismo tiempo, a la vez) de elevarte al Paraíso y de hundirte en los Infiernos. Ruido y belleza amalgamados, partiendo de un big-bang violentísimo (la citada "You Made me realise", con su volcán de ruido puro, obsceno, destruyéndolo todo en medio del tema, o la brutalidad de "Feed me with your kiss", galvana dejándose llevar al ojo de un agujero negro), cruzando el sexo febril ("Moon Song", post coitum de fundido en blanco), y alcanzando ya metas que parecían supremas ("Glider"; un loop de guitarras que no suenan a guitarras, "To here knows when", o 'el ruido es Dios'). Ver para creer, quien no conozca a My Bloody seguramente se preguntará si fue realmente posible superar lo de "Glider EP" y "Tremolo EP". No hay problema, también se vende la edición de "Loveless" remasterizada (y la de su otro largo, "Isn`t anything", brutal y más que recomendado) como respuesta afirmativa.

My Bloody Valentine en el corazón de la nube tóxica: el viaje sonoro en cuatro EP's
El primer maxi, "You made me realise", es anterior a su LP "Isn't anything" y primera piedra de toque del cambio en su carrera. La banda da señales de ser mucho más que otro cuarteto emulando los muros de ruido y melodía de The Jesus and Mary Chain, sobre todo en la ya citada pieza que titula al EP. El resto, sobresaliente, entre la pereza mórbida de "Slow",  el pop enmarañado que venían practicando antes ("Thorn" encaja sin problemas en "Strawberry Wine", maxi de 1987) y un cierre que vuelve a poner los pelos de punta, "Cigarrette in your bed", un beso húmedo en la voz de Bilinda, narcótico y con el veneno de unas guitarras acústicas distorionadas que prefiguran el espíritu Valentine: no se trata del ruido por el ruido sino de buscar el caos perfecto.
"Feed me with your Kiss" EP evidencia el estado de confusión y furor de la banda en 1988, con un sonido feroz y realmente hiriente como el del disco "Isn't anything". Violencia y estados de conciencia alterados: Shields reconoció que se metía de todo menos caballo en aquella época, lo que se revela en una música agresiva, animal y muy perdida. Dicho en el buen sentido: música salvaje, rock and roll sin naftalina.
"Glider EP" ha despejado el camino, empiezan a relucir las baldosas amarillas... "Soon" es hidromiel en el dancefloor, sexo, piel tibia, gemidos y calor. El maldito Cielo ya está aquí, y las puertas son el instrumental "Glider", las bisagras del ruido puro (la versión extendida de más de diez minutos que incluye este recopilatorio es de traca, un viaje). ¿Empiezo a ser demasiado metafórico?, no me fastidies, escucha estas canciones a todo volumen y dime que no te han llevado a mil colores aún por inventar...
"Tremolo EP" ¿sabías lo que es un trémolo? esto. Bien, eso da pistas de nuevo. MBV como investigadores del sonido. No, no esperes violines vibrantes, sino  cuatro temas hilvanados (no hay espacios de silencio en este maxi y sus cuatro temas se unen con motivos casi ambient de guitarras líquidas), de guitarras descompuestas en olas de ruido placentero, melodías exóticas ("Swallow", el lejano oriente en otro gemido de cópula femenina, la senusualidad perfecta de Bilinda Butcher convertida vía sampler y efectos de laboratorio en un motivo melódico) y ataques de pasión ("Honey Power", la tormenta de miel)
Primerísimo plano al ruido tranquilo

Por otro lado nos queda hablar de las novedades, ese paquete de inéditos y de rarezas. White-noise pata negra que merecía haber salido a la luz hace mucho, y que ahora se convierte en el peta-zeta necesario para que el fan fatal pique y compre o localice en Spotify. Porque, hambrientos de My Bloody, cada perla encontrtada en el camino se demuestra necesaria, vital. Los dos intstrumentales salidos de las sesiones de "Isn't anything" reviven la turbulencia de la banda en aquellos tiempos y (en el caso del "nº 2") muestran el eclecticismo que llevará a My Bloody a  ir más allá, en una por entonces impensable nube dance.
Y los tres inéditos, bien, son dos cosas:
1- la demostración de que son descartes, en comparación con su obra "oficial", y
2- la de que incluso ante tres piezas deshechadas en su día es evidente que el nivel de Kevin Shields, Colm Ó Cíosóig, Bilinda Butcher y Debbie Googe es superior a la maraña de imitadores que pueblan las listas alternativas de lo súltimos cinco años (no demos nombres, hay muchos).
Este doble CD es, en fin, el testigo de una música que se ha suspendido en el tiempo, miles de veces imitada (la última, en Galicia mismo, por los excelentes "Disco las Palmeras!"). Nunca, jamás igualada.
Me vas a llamar fan fatal, pero qué puedo decir. My Bloody Valentine son Dios, y yo un hombre de fe.

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