02 julio 2012

DOMINIQUE A, "Vers les lueurs"



Es tan bueno y tan grande que escuchándolo provoca efecto cebollón: te saltan las lágrimas. Lleva 21 años sacando discos con una regularidad que asusta (doce discos, nunca malo, siempre de notable, de hecho). Su voz es de las que conmocionan sin ser a priori nada visiblemente portentoso (no es un Stuart Staples, ni un Rufus Wainwright, pero su calidez emocionante está al alcance de muy pocos) y su gusto exquisito le ha llevado a renovar la chansón de los grandes nombres galos y catapultarla a un presente sin naftalina.
El Hombre de la chansón-rock
Lo increible no es que el tipo sea ya una figura indispensable del pop, el rock y la canción de autor francesa, sino que no falla, es como Indurain sin pájaras y con la pócima de Abraracurcix en la cantimplora para pertetuarse lustros y más lustros. Podría esperar más, darle tres, cinco y diez escuchas a "Vers les lueurs" porque su riqueza no se agota en un par de escuchas pero prefiero el calor del momento y lanzarme. Este disco es de lo que desconciertan, porque sin reinventar su legado, sin mover ficha (quizá sutilmente, quizá sea el disco más atento a la guitarra eléctrica y sus combinaciones con instrumentos digamos clásicos, de orquesta), viene a confirmar que Dominique A tiene un universo lírico y sonoro tan delicado como rocoso, de hechuras enormes que van de Jackes Brel a PJ Harvey pero sin rendir cuentas ya a nadie. Personal, único e inalcanzable por sus vecinos galos (ni, ya puestos europeos... no creo que en la gris Albión haya muchos a su altura, más alá de la citada Harvey, otra que no resbala), Mr. A entrega un trabajo de sonoridad rica, detallista, mimoso, pero rendido también a la fuerza y el tempre férreo. No se trata ni de ariscos sonidos sampleados como en "Remùe" ni de visitar la chanson como en sus primeros discos, sino de esa mezcla de detalles tímbricos y pasión emocional siempre atada en corto que lo ha hecho único en los últimos tiempos, desde "Auguri" en 2000. Lo alucinante, repito, es que ese disco de inicios de siglo podría haber sido un testamento, una cumbre, pero desde entonces no hace sino insistir en su perfección. Posiblemente además este "Vers le Lueurs" sea además de sus ofertas más accesibles, así que podría ser que a partir de ya estemos ante un gigante que además logra la popularidad. Tiene la voz, las melodías, inagotable sabiduría musical e imagen y porte escénico de sobra para reinar. Lo haría si el mundo musical no estuviese infectado por la hez de la radiofórmula, claro.

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