17 julio 2012

Treinta años de Cosmos en España

“El Cosmos es todo lo que es, o lo que ha sido o lo que será. La contemplación del Cosmos nos perturba. Sentimos un hormigueo en la espina dorsal, una nudo en la garganta, una vaga sensación, como si fuera un recuerdo lejano, de que nos precipitamos en el vacío. Sabemos que nos estamos acercando al mayor de los misterios” Carl Sagan.
Portada del libro
El 15 de Julio de 1982 se estrenó en España "Cosmos" de Carl Sagan. Treinta tacos ya. Lo cuentan en detalle aquí, por cierto. Lo hizo en la Primera (de dos que había) a las 21'35.
"Cosmos" lo conoce hasta el tato aunque lo ha visto realmente, me temo, menos gente de la que debiera, más allá de la generación a la que le tocó en su día. Esto es, la de quien en 1982 tenía más de diez años . Aunque hubo recuperaciones en VHS, en DVD, y por supuesto una repesca actualizada (con un Sagan canoso cerrando cada capítulo, capítulo editado y mutilado respecto al original). Pero hace mucho que la tele no admite barbaridades como "Cosmos".
Porque en el actual statu quo televisivo (no de pago ni temático, digo) parece que un producto tal que la ensoñación de Sagan es inviable. Trece documentales narrados en primera persona donde, luciendo efectos visuales de ultimísima generación y cuidando cada detalle (reconstrucciones de época, visitación de lugares del mundo entero, banda sonora emotiva y evocadora...), se explica tanto el universo conocido como la historia del saber humano: los agujeros negros y Kepler, Eratóstenes y Marte, un pozo egipcio y la insignificancia de la vida humana en el calendario cósmico.
Y un señor relamido, con jersey de cuello altísimo y sonrisa canábica lo narraba todo con una pasión desbordante.
Con "Cosmos" aprendes la relatividad de Einstein y qué fue la Biblioteca de Alejandría, la historia del Japón feudal y la historia del Voyager-1, la naturaleza gaseosa de Júpiter y la sociedad holandesa del XVII. "Cosmos" es un tapiz del saber tan inmenso como, oh, sí, divertido. Porque apasiona, contagia el sentido de maravilla que Sagan sentía cada vez que levantaba la vista hacia la noche estrellada, y nos lo inyecta en un recorrido con gotas de ciencia ficción, pilotando una imposible nave espacial hasta los confines del universo para hacernos comprender nuestra realidad.
Hoy me temo que algo como esta serie quedará restringido a un canal temático (Odissey, y ya antes La 2, emitió un digno pero inferior sucesor: "Maravillas del sistema solar", que por lo que he visto le supera solo, obviamente, en efectos, pero que, sí, emula con eficacia al modelo Sagan). Y lo temo porque el concepto de ocio, en el siglo XXI, no pasa por el de aprendizaje. Riñas de plaza de abastos o de rellano comunitario, teleculebrones de cosecha nacional, concursos estroboscópicos sin ningún gancho... ¿hay espacio para asombrarse, para cuestionarse la realidad, las creencias, los conceptos que se manejan, a través de una pantalla de televisión en un canal generalista y en prime time? No, pero nos queda el dvd, y la red, para celebrar que hace treinta años la televisión era mejor que hoy día. Un ejemplo: así empieza "Cosmos", y te garantizo que, conozcas la serie como la palma de tu mano, o sea un descubrimiento, al acabar estos 20 minutos te sentirás inmensamente... pequeño.

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