24 octubre 2012

THE SEER, de Swans

Michael Gira resucitó a sus Cisnes tras lustros de hibernación con un disco de rock oscuro, voluptuoso, poderoso y temible: perfecto.
Pequeño monstruo
Pero The Seer es más Swans que aquel. Más. Esa es la palabra. Doble CD, temas largos (alguna pieza supera la media hora), sonido más oscuro que en su predecesor (retomando la vena más nihilista de la banda), y una sensación de pavor mayor, más aún que en los tiempos abruptos de "Cop", creo. De hecho, lo reconozco, me gustan más los Swans dosmiles que aquella bestia deforme, venenosa, tribal, que laceraba los oídos de sus escuchantes en los primeros ochenta. Tomando el lirismo de los últimos pasos de la banda y llevándolos por terrenos de contundencia pura, han sabido reabrir el camino de heridas y cicatrices que ellos trazaron en sus inicios, y ahora, con este disco a cara de perro, exploran los paisajes adyacentes a la senda. Oscuras como una noche sin luces, atávicas como una danza sacra bajo el influjo de poderosas drogas mántricas, dolorosas como sentir que estás cayendo en la locura y no poder evitarlo, las once canciones de esta bestiada se meten dentro de los huesos, oscurecen el ánimo y aceleran el pálpito como en un estertor.
Temibles, más que nadie, bellos como un paisaje helado en sus momentos menos tremebundos, dolorosos como todos los látigos del infierno cuando aprietan sonidos sobre ritmos impávidos y monolíticos, toman la energía in-crescendo de "Godspeed You! Black Emperor" y el gusto por la abstracción doom de "SunnO)))", bañando esas y muchas otras nuevas inspiraciones (como Ben Frost, que colabora) en el pozo oscuro de su propia e inimitable personalidad, un agujero negro musical que no obedece a modas, pasadas o presentes, y vomita un monstruo de música tan intensa que se diría mística.
Buffff...



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