16 enero 2013

EXTRATERRESTRE, de Nacho Vigalondo

Bien, vivimos en un mundo donde a veces parece que para "estar" hay que aparentar. Y hacerlo (histriónicamente o con naturalidad) en muchos sitios. Nacho Vigalondo roza al personaje mediático gracias a su inteligencia, su buen hacer ante los medios y un humor con guindilla bien dosificado. De tertuliano con la respetabilísima Julia Otero (le hecho d emenos allí, por cierto) a protagonista en pijama de una campaña para El País pasando por el enfent terrible de Twitter (quebraderos de cabeza, le intuyo, ante la bola de nieve causada por sus provocaciones en la red social), Vigalondo se ha hecho querer. ¡A mí me cae de puta madre (y no le conozco más allá de cruzarnos en un par de charlas twitteras, claro)! Pero este individuo público (que puede ser la transparencia personificada o un personaje autodiseñado para los medios: separemos prudentemente al hombre del artista mediático) puede desdibujar la realidad de lo que ha hecho Nacho Vigalondo, director de "Extraterrestre".
En sus cortos y dos largometrajes el cineasta cántabro ha forjado una personalidad apabullante. Lo intuyo generacional, abrebando de géneros y cines diversos, amante de una "cara B", del giallo, de la ciencia ficción "barata", del (post)humor, quizá de la comedia madrileña ochentera, del costumbrismo social, los superhéroes y más referencias pop que se me escapan. Vigalondo ha moldeado un universo propio que ya fue interesante en "Los Cronocrímenes" y se solidifica en "Extraterrestre" con una puesta en escena brillante, un saber encuadrar, atender o escatimar información envidiables. Una dirección, en fin, sólida y talentosa.
Oy, qué seriedad para escribir de una película que me ha hecho llorar de risa.
Que merece un Potosí, que remezcla géneros con una habilidad de caerse la baba ante la pantalla, que habla desde el humor ácido de la dificultad que reina siempre en ese caos que son las relaciones humanas, el amor y el deseo. Que lo hace bajo el manto (muy elíptico) del cine de invasiones extraterrestres pero, prácticamente, sin salir de un único decorado. Y que tiene en sus actores una mina de oro. Carlos Areces y Raúl Cimas están a un nivel colosal, Noguera es Noguera y yo me arrodillo (aunque su papel sea el más prescindible del film, es tan descacharrante que doy gracias al cielo por su presencia) y Julián Vilagrán construye un personaje complejísimo a partir de un histrión tópico (el polvete de una noche producto del exceso alcohólico). Y Michelle Jenner está ahí, catalizador. Bien, pero desluce ante tanto talento colosal, hay que reconocerlo.
Unos cuernos confinados a un pisito madrileño como si de una versión ci-fi de "El ángel exterminador" se tratase, la pareja en Babia, y el tercero en discordia, un vecino obsesionado por la chica, conforman las piezas de un billar donde cada golpe de stick es más duro pero también más divertido.
Peliculón.

2 comentarios:

Jero Piñeiro dijo...

Yo también lloré de risa con esta peli. Noguera es Noguera (estos días estoy pasándomelo en grande con su libro/DVD "Ser madre hoy"), y Carlos Areces bien puede ser el mejor artista cómico de nuestro país en el momento presente. Tengo ganas de ver lo próximo suyo con Almodóvar, que me da que puede ser la mejor peli del manchego en mucho tiempo... Y a Vigalondo, claro, lo seguiré en lo que haga (¿próxima peli con Sasha Grey? ¡eso hay que verlo!)

Octavio B. (señor punch) dijo...

poues sí, hay que, hay que.