05 marzo 2013

YO LA TENGO en directo

Ayer en Compostela Yo La Tengo demostraron (me demostraron) que no se puede ser más grande. Para empezzar, en vez de "miel para el asno", el directo de ayer fue un desafío a las expectativas de sus ¿seguidores?. La banda, que lleva una década ofreciendo música como brisa, suave, mimosa (donde siempre hay espacio para algún calambre eléctrico, pero como excepción a la regla) sigue siendo reclamada como la de los noventa, el trío que desata tormentas eléctricas. Y sin embargo bastaba ojear el escenario para comprender que en principio, poca electricidad nos esperaba. Muchos teclados, ausencia de batería (unos tambores), y más taburetes que miembros tiene la banda (como unos cinco, había). La prueba "B" fue la entrada del trío: su líder Ira Kaplan lucía jersey. Nada de camiseta de rallas. Taburetes y ropa de abrigo: esto iba a ser tranqui,
Muy tranqui.
Fue una hora de delicados susurros, guitarras acústicas, exquisiteces murmuradas. Durante las interpretaciones incluso se podía escuchar el trajín de los camareros en la barra. Con los aplausos, alguna vez se pedía "¡rock and roll!". Imperturbables, los de Hoboken proseguían su deconstrucción soto voce de su cancionero más calmo. Con magisterio, dominando todos los instrumentos, que intercambian como quien mercadea con cromos de Pokemons, empastando sus tres voces con una naturalidad alucinante. "¡Rock and roll!" insistían quienes no se enteran que Yo La Tengo no terminaron en 1998. De hecho, la apretura con una versión en acústico de "Ohm", excelente arranque de su nuevo disco, lo dejaba muy claro. Set... acústico.
Entonces y tras dejar embelesados a muchos y moscas a otros, Kaplan anuncia un descanso "alguien pedía rock and roll: a la vuelta"
Y la vuelta trajo otra hora de, sí, rock, espasmos (Kaplan como siempre, el perrito piloto del rock, moviéndose como poseído, azotando su guitarra, sacando aullidos imposibles a sus seis cuerdas, azotándola contra los amplis...). Aunque intercalaron temas más tranquilos como "Autum sweatern", lo gordo aquí fue el desboque, la electricidad a chorro que te hacía temer que, si tocabas algo, alguien, te daría un trallazo fino. Electricidad templada, o febril, o desatada. Espectaculares ekevando la temperatura con "Tom Courtnay", desfasando con o rozando el cielo del ruido con "Pass The Hatchet, I Think I'm Goodkind" (¿cuánto duró, los diez minutos del original o más? una barbaridad, tremenda), y de nuevo (pero qué diferente) "Ohm".
Hubo bises, como siempre encantadores, con olvido de letra incluido.
El dominio del noise, del ruido blanco, de esa suerte de free rock en que son maestros desde los tiempos de Painfull (1994), convierte a Yo La Tengo en uno de los grupos "sónicos" más importantes de la historia, a la altura de Sonic Youth, pero en versión casera, modesta, anti estrellas. El espectro de su música, del folk más aterciopelado al free noise pasando por el pop, el country, el soul o el garage, los hace inimitables.
Si son más grandes, no caben en este planeta.
Las dos versiones de 'Ohm', el acúsitco (se corta) y en electrificado

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