26 mayo 2013

Jugar en mesa. Como los frikis

Hoy (y ayer) se celebró en un centro comercial de mi ciudad un "Encuentro con los juegos de mesa". Libre y participativo. Me animé a llevar a "Punchito" (aka, mi hijo, seis años largos). Jugamos más de una hora en familia, y el chaval, la verdad, alucinó por colorines. Sobre todo con el "Laberinto mágico" y con "Catan Junior", aunque probó otros juegos y todos le gustaron, claro.





Yo soy bastante receptivo a los juegos de mesa de estrategia. Lo dije hace muchos años, por lo que entenderás que lo de Catan Junior, con toda su evidente sencillez (es para niños-niños) es el juego que más gracia me hizo.
hace años (bueno, en la época aquella del post que acabo de enlazar... cuando recuperé del armario oscuro mi "Civilización") recuerdo enseñar, extender el tablero, las cartas, las fichas, ante un grupo de adultos que respondieron a mi insinuación de "a ver si un día echamos una, os enseño, es divertidísimo" con la misma cara que pondría yo si me ofrecen practicarme una lavativa de cerveza mientras suenan a toda castaña El Mago de Oz. No lo volví a intentar.
Conste que entiendo esa reacción, porque no querer es, pienso, no conocer. Al menso en este asunto. Porque cuando das con un juego de estrategia complejo y bueno, la verdad es que la diversión que te genera una partida es bastante incomparable. Es social (se juega entre varios amigos), dura tranquilamente dos tardes (hay que reservarle un espacio, si se quiere hacer perdurar la timba), es didáctico (cuando el tema es histórico, por ejemplo, te introduce en una época y sus circunstancias), es un reto (hay que desarrollar habilidades de estrategia, en cierto grado al menos), y desde luego, al ser algo que practicas en grupo de amigos y amigas, tranquilamente, en casa, al final es un hábito de entretenimiento intenso, sano y barato.
Me gusta ver a Punchito ante el tablero, haciendo acopio de trigo, madera y ladrillos para poder construir un pueblo medieval, con sus casas, escuela, iglesia...
Y cuando veo que en ese "Encuentro" sobre todo había lo que vulgarmente (injustamente, también) se llama "frikis que echan patrás", me da pena. Porque el fallo no es de esos chavales de veinte o treinta con pinta de bibliotecario tímido o de metalero sociable, sino de esas familias normales que no se atreven a romper la delicada pared de pequeños prejuicios que les impide conocer cosas tan divertidas como un buen juego de mesa.
Si alguna vez coincides con un evento de este tipo (y si alguna persona me lee que efectivamente lo desconozca todo sobre los juegos de estrategia y le pique la curiosidad), olvida esa fuerza de gravedad que te hace resistirte a probar. Si vences el primer golpe de timidez, de "qué hago yo aquí" o de "y si me ve...",te encontrarás disfrutando mucho, seguro, de la experiencia.
Os lo dice alguien que jugó, y que ya no juega, cosas de la vida...

2 comentarios:

Int dijo...

Que grande el Catan (el normal) y que malo soy. Eso sí, hace sacar el especulador que hay en ti tarifar tus existencias a precio de oro.

Me extraña esa animadversión que me comentas hacia los juegos de mesa por parte de la gente cuando, creo, que hoy es un entretenimiento social en auge. Gracias, sobre todo, a los cada vez más complejos y sofisticados títulos.

Un amigo tiene una tienda de cómics y veo cómo es de lo que más vende. Y no precisamente, como dices, frikis y metaleros, sino todo tipo de personas. Incluso quienes ni siquiera compran cómics.

Octavio B. (señor punch) dijo...

buena noticia. Está claro que este post no se pretende estadístico, son impresiones, o temores, y mejor que no se ajusten a la realidad :)