15 julio 2013

IRON AND WINE Ghost on Ghost


El barbas qué esconderá en esa melena postlabial... pasan los discos de Iron and Wine y piensas que ya le tienes pillado el truco: de folk singer a músico mondomondiale que igual se viaja al acervo africano como, cada vez más claramente, se detiene a estudiar el AOR ochentero cual quien escruta el american folk más antiguo. Pero no, no se lo tienes pillado. O sí, da igual. Porque la gran verdad verdadera es que Sam Bean es muy grande ya.
Que su música sea todo dulzura pero no melosa, que sus melodías siguan embriagando en su nueva obra como las de aquel ya lejano Our endless numbered days, con el que le descubrí, y que tops de su cancionero como ese vals delicado y brumoso que engalanó una escena de, oh sí, Crepúsculo sean revalidados por no pocos temas de Ghost on Ghost nos hace reafirmarnos. Grandeza.
Iron and Wine son algo que debemos agradecer al siglo XXI, su nuevo disco goza de todas sus virtudes, insiste en su camino (pop adulto y cosmopolita, gotas de muchos palos, de los standards al soul, pasando por África y el folk norteamericano, claro) y no se muestra agotado. Y quien no quiera ver que cada lustro, cada década, cada generación va a tener sus propios grandes iconos, que siga mirándose en los folkies de los sesenta. Que están muy bien, no digo que no, pero no en demérito de lo que hoy se cuece.
Iron and Wine, y Ghost on Ghost, enriquecen.

No hay comentarios: