23 agosto 2013

LOS PITUFOS 2

Me ha llamado mucho la atención lo que Sony Pictures ha hecho con la obra de Peyo, los clásicos Pitufos.
Veamos: en los tebeos estos gnomos azules constituyen una sociedad de seres sin rasgos distintivos que no sean achacables a la acusada personalidad de cada uno de ellos. Son físicamente iguales, que no hermanos, pero el gesto del vanidoso lo define tanto como el del cascarrabias o el del perezoso. Es una comunidad social igualitaria, no obstante gobernada por el Gran Pitufo (no Papá, eso es una adulteración de la traducción latina en la teleserie que, desgraciadamente, se ha impuesto). Gran Pitufo es el mayor de todos, luce su blanca barba y su traje distintivamente rojo ("rojo", cuidadito) y gobierna por autoridad y sabiduría. Pero su gobierno no es material (ejércitos, palacios...), sino organizativo. Dicta las encomiendas porque sabe mejor qué se debe hacer, simplemente.
Podemos hablar del fondo de este modelo social, pero está claro que Peyo deposita en su obra una tesis de convivencia comunitaria.
Sin embargo Los Pitufos 2 (no he tenido el placer de ver la primera) apenas pasa de puntillas por la aldea pitufa (en la saga viñetera está ubicada en la edad media, y no en otra dimensión como en la cinta) y se centra en el malo Gargamel. Ha creado dos Pitufos malos ("Los Malotes") que secuestrarán a Pitufita ("ina" para todo el mundo, pero yo soy de lo tebeos de los ochenta, lo siento) para sacarle el secreto de cómo extraer "el azul"; sustancia que convierte en Pitufos y que necesita el hechicero para dominar el mundo.
En vez de torturar a la duende atrozmente, los Malotes se dedican a convencerla de que ellos son su familia y no los Pitufos. Gargamel mimo usa esa táctica, él es el Padre, los Malotes son los Hermanos. Ellos son las raíces de Pitufita y no los azules.
Pero al final aparece "Papá" Pitufo y tres pitufos más y le hacen ver que ellos y no el nigromante son su verdadera familia. La familia no es la sangre sino quien te recibe, quien te acoge, quien te quiere, quien te educa y protege.
En la peli hay un protagonista humano (que carece de todas las bondades de Johan y Pirluitt, lo digo de paso) que rechaza a su padrastro por eso, por no sanguíneo, pero al final también se da cuenta que padre no hay más que uno y es quien te quiere, te cuida y todo lo que dice "Papá" Pitufo, vamos.
Esto sí que es magia y no lo de Gargamel. Pasamos de un modelo socioconvivencial (toma palabro) a una exaltación conservadora del modelo burgués norteamericano de la familia como unidad básica  (insisto, conservadora) de toda sociedad.
¿Nadie ve la perversión del concepto?
A partir de aquí, cantinelas: obras ditintas, no hay porqué respetar el original, hay que centrarse en lo que tenemos delante... vale, delante tenemos un canto conservador a un modelo disneyano que ya huele, ¿mejor así? Y una peli mala de narices, arrítmica, pesada y con un humor trillado que como única virtud, hay que decirlo, tuvo el encandilar a un cine lleno de críos que permanecieron callados toda la proyección. Pienso que el poder del icono, la calidad de la figura de estos duendes de lenguaje imposible (apenas usado en la película, por cierto) tiene mucha culpa en esta hipnosis colectiva que, como padre rodeado de niños en una sala oscura y cerrada, agradecí enormemente.

2 comentarios:

Radar dijo...

No he tenido la desgracia de ver ninguna de esas dos películas, pero ya divorcié mi recuerdo infantil de las producciones modernas en cuanto aparecieron los horribles dibujos animados de los 90s.

En ambos casos se ve una tendencia que desvirtua absolutamente el concepto de pitufos: el lenguaje deja de ser extraño pero comprensible, y los pitufos sen individualizan a partir del físico! Ya no es una sociedad ligeramente extraña, sino son solo una reproducción azul de nuestra sociedad, demasiado próxima y adocenada para servir de (ligera) crítica social.

Octavio B. (señor punch) dijo...

Sí, menuda era esa serie :)