03 agosto 2013

Victoria Mística, de TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO

Tras su segunda pedrada, el monumental «Año Santo», Triángulo de Amor Bizarro ya tenían todo el pescado vendido. Talló, y a hachazo limpio, su nombre en la historia del rock nacional. Pero la vida sigue, ellos son músicos y nosotros queremos ver cómo pasan el trago de dar continuación a un disco capital que ha definido su sonido e inspirado a una generación (Franc3s, Disco las Palmeras!...). Por no decir que los de Boiro, Galician, son mucho mejores y más personales que toda esa ola internacional de nuevo noise (A Place to Bury Strangers, Serena Maneesh...).
Bien, pues llega «Victoria Mística» para sumar y seguir.
Rodeado de inevitable mito: el disco que comenzaron a crear bajo la produccción mi más ni menos que de Sonic Boom. La banda de un pueblito gallego que le dijo NO al ex Spacemen 3 y se volvió a casa a auto producirse. Toma. Y bien, lo mejor que se puede decir de «Victoria Mistica» es que no cede un palmo en la crudeza sónica de los TAB, y que sin demasiadas renovaciones (salvo detalles como el sonido industrial y free de 'Robo tu tiempo' o el guiño a Neu! En 'Clara') sí que despejan la ecuación. O dicho sin tonterías, Isa, la bajista, gana protagonismo como vocalista y en ello comprobamos la receta de sus virtudes: tensión.
Cuando capitanea Rodrigo gana la faceta arisca, el arañazo ponzoñoso, la búsqueda tensa de nuevos caminos (los dos ejemplos de ruptura arriba citados los canta el guitarra), mientras que Isa pone voz a las trombas melódicas, temas que se gustan en la combinación de ruido y melodías candorosas. Aparentemente una vía más agradecida y fácil de escuchar (también la voz de la dama es más dulce que los graznidos fieros del caballero). Dos modos que colisionan en los temas a dúo, donde la búsqueda/choque se muestra convivencia antes que quebradero de cabeza. La personalidad de los gallegos radica ahí, en esa fuerte compenetración de caracteres casi opuestos, hermanados por la Iglesia del Ruido, el feedback, el muro de sonido. Y por una mala leche nada soterrada, en primer plano, derramándose en versos incendiarios («vamos a pudrirnos en un mismo ataúd», «robo tu tiempo, robo tu dinero, guillotina», «sonríe hostia, sonríe») que afloran como esputos punk de una voces generalmente ininteligibles.
Maestros. Ahora, a veros en directo, donde achicharráis al respetable con un volumen de miedo.