01 septiembre 2013

Sinsal 2013 (1ª jornada)

Sinsal, las cosas claras.
Otra vez nos paseamos por la Isla de San Simón y su turbia historia para perdernos en laberintos musicales. Esto es, en el fondo, lo que supone aceptar el juego Sinsal. Un festival del que no se conocen los nombres del cartel hasta qeu entras en la isla de San Simón, donde se celebra.
En esta ocasión conocía a dos de las ocho propuestas, y otras dos sonaban ligerísimamente (de Rockdelux,seguramente) pero ni flores. Del resto, nada de nada.
Este año la cosa basculó entre lo anecdótico (Caxade, un asunto a medio camino del folk gallego para Ramón Trecet y una mini orquesta escindida de la de Goran Bregovic, que tampoco es que estuviera mal, ojo, simplemente no es mi palo) y lo notable (Baden Baden, una sorpresa, practicando sobre las tablas un dream pop notable). En medio, flipadas como Le Parody (curioso, atrevido, personal) o Stealing Sheep, un trío femenino de puesta en escena feérica (vestuario, maquillaje, actitud evanescente) y una música llena de recovecos y extrañas influencias que llegan a la múica medieval.
Denis Jones es un tipo que hace algo así como loop-folk o folktrónica o... vamos, que canta mientras juega con sus cacharos generando beats y loops. Hubiera podido quedar como uno de los conciertos ganadores de no ser por el desastre final, cuando simplemente no pudo rematar una última canción por problemas con la cacharrería. Y Germán Díaz también juega a mezclar extremos, pero no tanto. Virtuoso de la zanfona, se acompaña de un gramófono donde pincha viejas grabaciones cardiográficas. El latido del corazón hace de bajo continuo para su música de aires tradicionales en un proyecto muy bonito.
Sinsal es un lugar curioso, un estado de ánimo particular, donde impera la tranquilidad, los hábitos saludables (se puede fumar tan solo en espacios habilitados al efecto, cuestión de Isla medioambiental protegira, y tal), el civismo y el interés musical. Por eso no deja de extrañar el runrún durante el intimísimo concierto de Gravehurts, ejecutante de un folk de susurro, minimalista, delicado. Todo posible encantamiento fue pulverizado por un público que además de todo lo dicho puede que a veces sea un pelín "figurante". Es guay estar en Sinsal, aunque la música es lo secundario. Al menos la música soto voce, la que no sube el volumen.
Porque claro, por mucho runrún que se intentase, la trituradora volcánica de Triángulo de Amor Bizarro al cierre no admite más que resistencia al respetable.
Con una entrega total obre el escenario, los de Boiro esparcieron su niose-rock a los cuatro vientos, sonaron abrasivos y cabreados, algo de una intensidad que pocos grupos nacionales (o de fuera, qué leches) alcanzan. Lo suyo está al nivel de unos Dinosaur Jr, en descarga de decibelios.
Comenzaron con Isa saludando "vamos a hacer un poco de rock para joder a los horteras del yate ese". En plan pijos que quieren provocar, un yate-de-papá se había acercado a a isla y a todo volumen defecaba canciones de lo menos recomendables. Claro que Triángulo les dieron una lección sobre el sentido real de la expresión "a todo volumen" ... tras su descarga otra vez una Isa que fue el carisma rock de todo el festival, espetó por el micro "muchas gracias, y ala, los del yate, ya podéis seguir poniendo a lo putos La Uníon". Grande.



Una Playlist de casi todo lo que allí sonó (no aparece Caxade en Grooveshark):


Sinsal 2013 by OctavioB. on Grooveshark
Ah, también hubo músicas escondidas, pequeña bandas que hacían conciertos que no se anunciaban en cartel (no sabía a qué hora, tan solo se indicaba con carteles en la Isla el dónde) de los que solo vi uno. Bonita, la idea.