28 octubre 2013

El fantasma de Lou Reed

Conocí a Lou Reed hacia el 83, de la mano, claro, de un primo mayor (a falta de hermano mayor la música rock entra por el siguiente próximo en consanguinidad, es ley de vida). "Tranformer", amarillo cuproso y rostro de sombras, magnetismo en carpeta de vinilo.

Recuerdo la música interior, una suerte de ikebanas musicales, de austeridad arenosa en cada tema. Y recuerdo, sí, "Walk on the wild side".
La contraportada me chocaba, hería mi mente de niño bien pensante porque había algo chungo en esa pose de Reed (mmm ¿era él? nunca me puse a investigarlo, lo di por hecho siempre).
El lado salvaje
Parecía muchas cosas y todas peligrosas. Chulesco, chapero, maricón, lascivo, quinqui, picos para el yonki, poeta de arrabal, rata de Nueva York. Mal rollo para un crío. Pero la música se clavó dentro de algún modo.
Luego supe que el caballero era parte del alma de The Velvet Underground y que la Velvet eran los abuelos de esa nueva raza oscura que me atrapó a los 17. The Jesus and Mary Chain, Sonic Youth, The Perfec Prescription, My Bloody Valentine, Loop y toda esa música chunga, yonki y oscurísima, de ruido cegador, venía de Lou Reed.
Y pillé discos de la Velvet, claro. Tarde, pero fue un shock. Entre las novedades de Pavement y Babes in Toyland cuelo ee plátano con música para el fin del mundo venida del año 67. Tremendo. Llegar a la Velvet a través de sus nietos, parece mentira.
Y así el autor de "Satellite of love" estuvo siempre sin estar nunca del todo. Como un fantasma. Hasta "New York", discazo, y sobre todo "Magic and Loss", el disco maduro por excelencia, lo que cabría esperar de un señor con canas que sigue haciendo rock pero desde un alma de vuelta ya.
También tuve (tengo) "Berlín", comprado en los noventa, out of time.
Y el fantasma de Reed siguió toda mi vida ahí, desde la resurrección de la Velvet en directo a "Songs for Drella", que no tuve nunca pero escuché atentamente en casa de unos familiares, unas Navidades. Atención a cada nuevo disco sin llegar a abrazarlo nunca del todo.
Así Lou Reed supone en mi vida una presencia casi incorpórea, una fantamogénesis musical, pero como todo encuentro con lo intangible, determinante en mi educación y convicciones (melómanas al menos). Ahora me dicen que ha fallecido, pero ¿mueren los fantasmas, las presencias? Reed sigue ahí. Mi último disco es el de The National. Joder, su minimalismo, su búsqueda de la intensidad sin alzar la voz, su anestesia de lo más superficial en una música intensa... todo él es la casa encantada del creador de "Berlín".
Los espíritus no pueden morir.
Y Lou Reed sigue presente, claro.
Mañana escucho el "New York". Porque estoy algo triste, y porque  me sale de los cojones.

4 comentarios:

Juan Agustí dijo...

Muy joven, después de que me llegase a gustar mucho, le llegué a tener manía. Porque me hartaba su imagen de perdedor, porque era líder de perdedores y un broncas (tuvo algunas actuaciones lamentables en España en los últimos setenta. A pesar de eso, todavía brillaban algunos temas de The Bells. En fin, que no le pude volver a soportar hasta diez años más tarde, con New York, Songs from Drella, ... Se sobrevivió a si mismo, verdaderamente.

Para mí ,es de los que de verdad cuentan.

Int dijo...

A ti que te gusta tanto el noise, ¿qué opinas del "mítico" Metal Machine Music?

Octavio B. (señor punch) dijo...

buf Int, una tostada, pero con su contexto, también es un disco importantísimo en la Hª del rock.

Miguel dijo...

Precioso obituario del siniestro poeta de nombre Lou.