13 octubre 2013

GRAVITY, de Alfonso Cuarón


Directa y afilada, abstracta casi (el pero mayor, la concesión comercial que pretende densidad dramática y moral). Adrenalínica y casi cruel con el espectador, angustiosa. Gravity deberá señalarse, sí, como un nuevo faro en el archipiélago de la ciencia ficción, sobre todo porque posee esa cualidad seca, esa fisicidad que es toda ella mensaje. Tras unas notas informativas (que no nos informan de nada sino que recalcan el infierno que se nos viene encima, o mejor, que nos absorbe) comienza Gravity con un plano celeste de la Tierra. El firmamento al fondo, y poco a poco una pequeña nave espacial parece formarse de la nada. De un punto desdibujado en medio de la Tierra,  a un mínimo objeto flotando en el espacio.
La presentación de personajes es mínima porque lo importante de estos nuevos Adán y Eva de El Vacío no deberían ser sus personalidades y circunstancias, sino verlos como símbolo.
Luego, la cuerda se tensa, la tecnología falla y los astronautas quedan colgando en el espacio a merced de lo Infinito (que no es un paraíso, como advirtió el cartel inicial, sino la muerte) durante poco más de una hora.
Bendita concisión. Gravity no puede durar un Avatar. En su concepto de abstracción afilada pesa mucho que no se extienda más allá de los noventa minutos. En ellos, todo es tensión física. Pero también mensaje tácito. Hay una escena en que la astronauta Ryan Stone (Sandra Bullock) consigue por fin entrar en una cápsula espacial y se quita el traje de astronauta. Al quedar en camiseta y shorts (en un strip tease que guiña a la Ripley de Alien) adopta ingrávida, la posición fetal (en un guiño a 2001 Odisea en el Espacio... y fin de las inspiraciones: Gravity no se parece demasiado a nada anterior, que me venga a la cabeza ahora). La seguridad amniótica no te la da el espacio sino la nave. ala, a darle a la cabeza con el asunto...
Pero no es hora de buscar mensajes a una cinta que, por su narrativa y por su ejecución, lo tiene, sino de ver que lo que falla es la búsqueda expresa de ellos a través de unos diálogos a veces enfáticos, y de tratar de darle a la astronauta un pasado que servirá para crear más mensaje obvio y facilón, en diálogos en negrita. Es una pena, porque todo eso me sobra. Adán, Eva, Dios (que aquí no es bíblico sino el Infinito Mortal). Y una realización absolutamente perfecta que acojona (efectos especiales, claro, pero también la elección del plano, la perfección de la secuencia como unidad de narración básica, la ausencia de puntos cardinales, la música, la fotografía -ojo a los interiores de las naves/estaciones espaciales- y la progresión dramática).
Eso sí, la he visto en 2D y eso es perder un tercio de la cinta. La experiencia pide gafas, para ser el tercer astronauta perdido en el espacio.

3 comentarios:

Doc Ender dijo...

Vaya, ya te me has adelantado con tu crítica, es lo que tiene escribir lento. En fin, que estamos completamente de acuerdo. La dirección es fascinante pero el guión flojea, demasiado obvio, demasiado "americano". Y lo del 3D es totalmente necesario en según qué películas y esta es una de ellas sin duda.

OAyuso dijo...

A mí me gustó mucho. Me lo pasé muy bien. La pega, el mensaje new age. Otra pega, la música del final. La vi en 3D. Es pura adrenalina, la verdad. En algunos momentos se me olvidó respirar.

icsm14 dijo...

Como decía un colega por Twitter, la película es demasiado cobarde. Yo pude abstraerme y, a pesar de ciertos detalles demasiado cantosos, disfrutar como un enano. Y es que adopta demasiadas concesiones en aras de ese ritmo trepidante de la película. Lo peor de todo es que muchas no creo ni que fuesen necesarias.