27 octubre 2013

Miguel Poveda en directo


Yo no sé gran cosa de flamenco, no sé cómo llamarlo: duende, embrujo, mojo o soul. Llámalo como quieras pero Miguel Poveda lo tiene.
Su concierto de ayer ha sido una demostración clara de dos cosas: un arte innato soportado por una técnica brutal (cómo canta el jodío), y un gusto irreprochable en todo lo que rodea a ese arte que viene como el chasis, de serie. Una puesta en escena sobria (más que sobria) y elegante. Un saber estar en las tablas, un saber comunicarse sin ir de falsa modestia (¡cuántos más mediocres la lucen!) sino de discreción y agradecimiento, un saber moverse en el escenario (menudo baile se marcó el de Barcelona recordando la fietas gitanas de patio soleado).
Y un saber acompañarse. El piano de Joan Amargón desdibuja los contornos del purismo jondo, y la guitarra excepcional de "Chicuelo" deslumbra.
Pero para deslumbrar no necesitaba Poveda nada más que esa voz, una barbaridad que en directo casi acojona de pura emoción. Tano en el flamenco como en su revisión de la copla.
Muy grande lo de Poveda. Posiblemente es el nuevo gran nombre del flamenco, y a sus cuarenta le queda media vida para seguir creciendo (desde la cumbre en que ya está instalado).

Mi Crónica en el Faro de Vigo