08 diciembre 2013

"Un profeta", de Jacques Audiard


Pillar un género por las solapas y hacerlo vibrar. Agarrar por los mismísimos sus códigos, respetarlos y entregar un relato que no sepa a tostada de ayer recalentada. Así lo hace Audiard. Con amor por el polar, con fibra en cada tejido, sin sebo.
Ascenso sin caída de un paria encarcelado abe Dios porqué, analfabeto y demasiado joven para una cárcel, camino trazado desde lo más bajo a un determinado trono. Verité falso, estilización de la vida carcelaria que sin embargo, y no es paradoja, fuera los límites del hardboiled al retratar la dureza de tal entorno.
Menudo peliculón, "Un Profeta", un viaje que se pasea por imágenes oníricas (¿proféticas, visionarias?) y bofetadas de hiperrealismo carcelario con especial mención a una violencia latente y en ocasiones manifiesta, de una crudeza poderosísima, hiriente.
Una historia sucia en un entorno sucio, donde la cámara pivota enfermizamente alrededor de y para los personajes. Actuaciones sobresalientes, de pequeños gestos casi inadvertidos que van dando, pincelada a pincelada, el rerato de cada individuo.
Cine, en fin, del que araña y marca.

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