24 febrero 2013

Maribel Verdú. A favor, absolutamente.

Declara Maribel Verdú, según leo en Público: "Dediqué mi Goya a todas las personas que lo están pasando mal en España y desafortunadamente son muchas. Y lo volvería a hacer cada día. Nunca hablé de ninguna opción política, solo critiqué un sistema injusto." Verdú se está ganando mi respeto a zancadas de baloncestista. No así el de todo el mundo. No así el de quien quiere el silencio siempre.
No calles.

La carpetoderecha ha vomitado toda su bilis encima de Maribel Verdú (y de Candela Peña), utilizando en su ridículo argumentario lo contrario a lo que ya criticara, la misma caspa ultra, hace una década (el mal vestir, impropio, de directores y actores en la gala "noalaguerra"). Todo vale para levantar cortinas de humo.

Y sí, Verdú gana un pastón, seguro, porque es la actriz de películas tan importantes en la historia del cine español (cito por relevancia mediática, ni siquiera en plan ejercicio crítico) "La estanquera de Vallecas", "Salsa Rosa", "Amantes" "La buena estrella", "Belle Epoque" (la del Oscar, remember), "El laberinto del fauno", "Blancanieves" y un puñao más.
Esta señora tiene un % de relevancia en el sostenimiento industrial de nuestro cine, porque ha estado ahí, en muchas de sus películas más celebradas en taquilla y parte del mérito es de su presencia. Es evidente que Verdú aporta caché, que gusta como actriz y da empaque mediático a las pelis en que participa. Pues vale, así pues ha ganado pasta con el cine y la tele. ¿Es lícito intentar invertir esa ganancia (volátil, ningún actor tiene sus lentejas aseguradas por vida) en proyectos empresariales legales (no como Bárcenas)? Se la acusa por ello.
¿Y qué debe hacer al final un actor de cara a la gala de los Goya, ir de calle o ir de gala (de alquiler, recuerda)? Da lo mismo, el tema es desacreditar, otra vez y desde la derechona más vomitiva (todas esas tdt fiestas), a un gremio profesional que parece, en buena parte, estar descontento con la realidad que nos ahoga.
El artista, la sociedad y el mundo en que todos vivimos. ¿Qué debe hacer un artista ante lo que ve?¿Callar o, a la que puede y tenga eco, comprometerse con su ética y denunciar? En todo caso para los derechistas, si ir de calle es una macarrada indigna de unos Goya y ostentar lujo, glamour y joyas una prueba descalificatoria contra el libre pensamiento de un artista, supongo no estaría mal que recojan todos su Goya en bolas. Eh, a eso yo sí que lo apoyo, al menos la ceremonia sería mucho más divertida.

20 febrero 2013

Muere Kevin Ayers

Muere Kevin Ayers, y no diré que controlaba yo al caballero en exceso: un clásico de esos subterráneos 8o no para público generalista) que degustan los entendidos, y aunque fue miembro de los psicodélicos "The Sofgt Machine" y en su carrera solitaria se codeó con la créme de la créme de su tiempo, no ha trascendido fuera de circuitos especializados.

aquí tienes una horita dedicada en 1980 a él, en Musical Express en 1980

18 febrero 2013

My Bloody Valentine y "mbv" a vista de pájaro

El pasado viernes entregué artículo dedicado a explicar lo que My Bloody Valentine y "mbv" suponen en la historia de la música. La historia real, no la que nos quieren contar las radiofórmulas tipo M80 o 40, claro. La de las bandas que más allá de las listas de éxito son referente cultural en el devenir de la historia del rock.
La página quedó bonita, y del artículo quedé satisfecho. Ambos, los reproduzco aquí:
La página original en "Visado", fundido en sonido Valentine.

El Ave Fénix del ruido.

La inesperada vuelta de My Bloody Valentine con un disco tras 22 años de silencio vuelve a poner a la banda en el ojo del huracán musical. En Visado repasamos su trascendente carrera, y escuchamos el ansiado retorno.

OCTAVIO BEARES.

Los inicios.
Hay pocas bandas que, desde el underground o lo alternativo, hayan generado una categoría de culto y auténtico mito como la de My Bloody Valentine. Aunque el combo formado por Kevin Shields y Colm Ó Cíosóig nació en 1983 como grupo de anodino post-punk, fue en 1987 cuando realmente, tras una reestructura interna y cual Fénix, nace un nuevo grupo, la semilla de lo que hoy se conoce como sonido “shoegaze”. Aquellos mozalbetes que se obstinaban en imitar al primer (y abrupto) Nick Cave, se convirtieron en una banda de noise pop, ese estilo que inauguraba en 1985 “Psychocandy”, debut de The Jesus and Mary Chain donde las melodías más Beach Boys se sepultaban en guitarras monstruosas, ruido y acoples. Los nuevos pasos de Shields, ahora con la aportación vital de la cantante y guitarrista Bilinda Butcher, eran mucho menos radicales que lo que habían perpetrado dos años antes sus mentores, pero el grupo poseía encanto melódico, y los juegos de voces de Shields y Bilinda colisionando con el fuzz de las guitarras prometían una personalidad propia.
Posiblemente, tras varios Eps de consolidación, sea “You made me realise EP” (1988) su primer trabajo notable. Radicalizando más su sonido, logran llamar la atención con su centrifugado de melodías y ruido, sobre todo con el tema titular, un castañazo que incluye un paisaje de caos abstracto con el que en directo causarán estragos en los oyentes.
En 1988 su primer LP para el reputado sello Creation, “Isn’t anything”, los pone en la primera fila de los muchos seguidores del noise (o de The Jesus and Mary Chain, si se prefiere). Es un disco turbio y oscuro, donde persiste el lado angelical de las melodías pero los ritmos abruptos y las guitarras en llamas precipitan al oyente en una música violentísima. Este sonido cándido y fiero al tiempo, así como su actitud hierática en escenarios, creó escuela, lo que se dio en llamar “shoegazing”, un grupo de bandas que conjugaban melodías ensoñadoras con ruido de guitarras desacomplejado (Lush, Slowdive, Ride, Palesaints…). Pero los imitadores iban a ser superados. Aunque no pronto.

El disco de la leyenda
My Bloody Valentine ya eran enormemente influyentes en los noventa. Hasta U2 guiñan un ojo en “Who's gonna ride your wild horses” (de “Achtung baby”) a las guitarras líquidas, desdibujadas, de los maxis que preludian “Loveless” (1991), la obra cumbre de My Bloody Valentine. Llegamos así a un disco clásico, influyente como pocos en los últimos veinticinco años (de numerosas bandas-fotocopia a estilos como el post-rock, el tecno más paisajístico y el rock alternativo). En su día “Loveless” fue saludado con emoción, y vino ya envuelto en leyenda: Shields como demiurgo perfeccionista e inseguro al tiempo, se encierra tres años, tres, en un estudio de grabación para hacer el disco (de hecho, usa diecinueve estudios distintos), es capaz de tardar medio mes en grabar la pandereta de una canción, contrata a ingenieros de sonido como quien come pipas, y arruina a su discográfica. Parece que el ave Fénix se quemó, y de paso arrasa a su compañía de discos en el intento de resucitar. Mal negocio, pero paso firme hacia la posteridad, porque sí, My Bloody Valentine resucitan, finalmente sacan “Loveless” y su música hechiza desde el primer momento a la crítica especializada y a músicos de renombre mundial. De Brian Eno (que los alaba rendido) a Bob Mould (líder en los ochenta de los padres del hardcore Hüsker Dü) pasando por Robert Smith de The Cure, todo son voces laudatorias. No es para menos. “Loveless” es la perfección hecha ruido. O el ruido convertido en belleza sensual. Hay que escucharlo para creerlo, así de simple. Un bucle de música borrosa, incandescente y bella que no ha sido superado, aunque sí muy influyente en bandas tan interesantes como The Boo Radleys, Mogwai o (por mirar cerca) Los Planetas.
Y desde 1991 y “Loveless”, el caos, la nada. Años de grabaciones, creación de estudios a la medida de la banda, anuncios de “estamos trabajando en ello” y finalmente, cero resultados, disolución del grupo y cada uno a su casa (o a otras bandas). Ni siquiera la reunión para tocar en directo en 2008 parecía (pese a las continuas declaraciones de Shields) aval para imaginar una continuación al mejor disco de psicodelia ruidista nunca grabado.
Pero el ave Fénix, sí, acostumbra a resucitar de sus cenizas, aunque de aquellas apenas quede un ascua. El pasado 2 de Febrero, a las 23’58, por sorpresa y con una nota breve en las redes sociales a modo de aviso discreto, aparece en la página web de la banda el esperadísimo nuevo disco, con el escueto nombre “mbv”. Sin contrato discográfico, en venta directa en formatos descargables y en soporte CD. Refulge el corazón ígneo de My Bloody Valentine, tras más de veinte años de consumirse en su propio fuego, y lo hace ante el asombro de fans y prensa. Inesperado. E histórico.
El próximo 1 de Junio tocarán en Oporto, encabezando el cartel del festival Optimus Primavera Sound.

“mbv”, de My Bloody Valentine.

No es posible calibrar el impacto de “mbv”. “Loveless” creció durante más de veinte años. Probablemente su continuación no lo haga con la trascendencia de aquel, pero de momento certifica que el “sonido Valentine” sólo habita en el alma de Kevin Shields, compositor, productor, guitarrista y cantante de My Bloody Valentine. El disco recupera las grabaciones de los noventa, los intentos infructuosos de hace dos décadas por sacar material nuevo. El resultado es un curioso ovni descontextualizado. “mbv”, ajeno a modas, incide en el propio sonido de la banda, se mira en “Loveless” y también explora territorios nuevos para demostrar que My Bloody Valentine no se consumen en su disco anterior.
El disco comienza con un espejo a su predecesor. Los tres temas iniciales (“She found now”, “Only tomorrow” y “Who sees you”) evidencian que ningún seguidor llega donde los originales. A partir de aquí, el disco pronto se adentra en terrenos nuevos, coquetea con órganos evocando a bandas como Stereolab, atrona desde el hip hop (las baterías de “In another way”), experimenta a tumba abierta (el ruido atroz maridado con ritmos drum ‘n bass de “Wonder 2”) o juega con un pop casi limpio en “New you” sin perder alquimia sonora.
El tiempo nos dirá dónde se ubica “mbv”. Por ahora, retorno nada fallido, y momento de referencia para la historia del rock.

13 febrero 2013

¡Rompe Ralph! de la Disney


La animación (con sus excepciones, generalmente no sajonas) cada vez se aleja más del terreno de lo autoral. "Brave" desdibuja hasta la marca de la productora para parecerse a Disney, y Dinsey aquí se aleja del estilo de la casa para acercarse a Pixar y Dreamworks.
El argumento de "¡Rompe Ralph!" remite directamente a "Tron" (Disney), "Monstruos SA" (Pixar) y "Shreck" (Dreamworks) y se queda tan ancha.
A partir de esta endeblez de columna vertebral, y que evidencia la creación de un producto, no de una obra, hay que reconocer que la cinta entretiene y es técnicamente brillante, si bien arriesga poco. Sobre un argumento donde se especula que hay vida tras las pantallas de los juegos de una sala de recreativos, la factoría coquetea con texturas y modelos de animación pero como mero barniz. Tras apuntes prometedores al respecto de una posible investigación formal con las texturas plásticas y de animación, todo se sumerge en el tecno espectáculo habitual.
Pena, porque había potencial en mirar las diferentes décadas de los videojuegos, hay personajes muy interesantes (el Rey híbrido de la Reina de Corazones y el Sombrerero loco) y hay algún que otro gag bueno. Y en su conjunto, aunque la cinta es previsible, no aburre.

12 febrero 2013

La retirada del Papa(parte II)

El Papa ha dimitido en una decisión histórica (hacía siglos que no ocurría, y sólo hay un caso previo, si no me equivoco). Si me interesa no es por el personaje ni por la institución. Me son ajenos, no creo en sus dogmas y no quiero tener nada que ver con ellos. Sino porque el hecho provoca unas reacciones de balance y de agravio comparativo interesantes (y ya en boca de todos).
 "Los teólogos sagrados:Papa Benedicto XVI en plegaria". 243x426cm. Óleo sobre lienzo 2008.Alfredo Villanueva.The National Museum of Catholic Art and history New York.
Hablemos del tema más allá del comentario de ayer (una provocación a bocajarro: reconozco y ya lo he contestado que ser niño en el nazismo es lo que fue, no hay que culpar a nadie de haber vivido una realidad como aquella... pero me apetecía reírme un rato -y además como candidato a Papa, seguro que había otros que no lo pondrían tan a huevo-).
La verdad es que este hombre de reinado breve me ha escocido menos en sus actividades que el anterior. Sin abandonar la impronta retrógrada de la mirada de la Iglesia a la sociedad contemporánea (¿inevitable si nos atamos al catecismo y doctrinas católica?), parece que haya sido más discreto, más dedicado a sus cosas, sus libros, su pensamiento sobre la Iglesia. Ha mejorado levísimamente la postura con el preservativo, ha mantenido las visitas fastuosas y carísimas (puej), ha quitado del Belén a los bichos, que huelen mal y lo llenan todo de pelos... y se ha ido. Claudica por salud, edad y quién sabe qué más.
El caso es que me parece curioso que por una vez en mi vida un Papa me haya parecido, sí, ejemplo de ética política. Al menos para este país en el que no dimite ni Dios desde los tiempos del hermanito de Alfonso Guerra. Escándalo tras escándalo, nuestros políticos se grapan a la trona, pase lo que pase. Benedicto XVI lo deja, se sincera (suponemos), explica sus motivos y se retira. Que no tiene mucho que ver con la ponzoña de nuestra política, pero es una parábola del deber asumido también en la dejación del cargo público.
Predicar con el ejemplo y yo apoyándolo, cosas veredes...

11 febrero 2013

el Papa se jubila

Benedicto XVI alega problemas de salud y edad para dimitir de su cargo, Papa de la Iglesia, uno de los cargos temporales de más peso en occidente, que además viene con un bonus de poder espiritual para quien quiera descargarse la aplicación.

Yo ni entro ni salgo en temas religiosos, allá cada cual con su vida.

Pero quiero levantar mi copa ante la consecuente decisión de Benedicto (sin ironías: pues hace bien, otros deberían tomar nota de su acto de abandono del poder) aunque sí diré que espero que todos lo recordemos, pero no como el hombre mayor, en el ocaso de su vida, sino con una estampa más saludable, pletórica y, sí, joven. Porque el Papa fue un joven saludable.


A ver si ahora eligen a alguien con un pasado más limpio.

Toy Story

Pese a que los Reyes Magos se obstinan en agasajar al pequeño de la casa (aka "Punchito") con juguetes (un juego de mesa, una descatalogada pirámide de Playmobil...), la realidad del ocio virtual y electrónico, táctil, inalámbrico o en línea, se ha apoderado del espacio de ocio infantil por aquí. Wii, Ipad con juegos para niños... es evidente que un padre a veces da la bienvenida a este nuevo aliado en que su hijo le deje en paz durante unos minutos. O una tarde. Pero me resulta curioso recordar cómo, de niño, yo atesoraba muñecos con los que jugaba. Generalmente en compañía de algún amigo, pero a veces en soledad. También estaban los tebeos. Punchito aún lee costosamente, pero la lectura espero que no sea una batalla perdida y que, viendo comportamientos y acrtitudes lectoras en casa, los imite buenamente. No sin esfuerzo e insistencia paterna.
Donde sí creo las cosas más peliagudas es en recuperar ese juguete físico, inanimado, que permite elaborar mundos, geografías, lugares e historias con la sola ayuda de tu puerta cerrada y que nadie te moleste. No creo que sea problema de esta humilde morada sino del paisaje general. Las casas de fiestas de cumpleaños, los amigos del cole... la tecnología invade las querencias del niño independientemente de los gustos paternos. Y llega a ser cruel pretender dar a tu hijo lo que tu has tenido, y no lo que la moderna sociedad del consumo les da. El equilibrio se llama educar al niño.
Pero yo no quería hablar de mi chaval ni soltar moralejas educativas, sino recordar mis juguetes, algunos casi psicotrónicos, extravagantes. De una sociedad del consumo ya plena, ojo. Los primeros ochenta. Pero creo que han cambiado muchas cosas. Yo no he tenido "videojuegos" o maquinitas hasta los once o doce. O más. Un par de marcianitos, Donkey Kong y para. Nada se enchufaba a mi tele. Pero sí atesoraba los muñecos más kitch del universo íbero.
Yo tenía un Spiderman maravilloso que se desvestía.
Recordé el envoltorio al encontrar esta foto. Casi el tacto de la tela, el velcro por la espalda y las graciosísimas mangas. Pero sobre todo recuerdo su detallista máscara-cara de plástico.
Hay en sus formas, en los ojos, una suavidad tranquila que emparenta este Spiderman al de Ross Andru, por ejemplo, al de los setenta, ajeno al contorsionismo post McFarlane.
Entrañable. Como lo era mi Fray Tuck, un muñeco de la misma casa que el Spider sobre personajes de... Robin Hood. No me pregunten porqué, pero me hacían mucha gracia esas sandalias de quita y pon, así que... pa casa, Tuck.
Mezclar en una misma alfombra a Tuck y a Spiderman es algo, me temo, ajeno a los universos bien perfilados que la Play ofrece hoy a los infantes y yo creo que es bueno, que alimenta la imaginación, e inocula un espíritu pop bastante terrorista, no muy alejado del que alimenta el cine de un Tarantino (basado en la cultura omnívora y desordenada del videoclub, ¿porqué no la comparación, pues?).
Pero en mi infancia el pop y el kitch entraron vía big jim, su círculo pirata. Capitan Drake, Capitán Flint, Zorak... dignos personajes para un cómic Fleetaway. De hecho los Big Jim tuvo su serie de cómics (más cercana a Marvel que a la casa inglesa, parece).
¿John Buscema?
Pero dejadme presentaros esta serie de musculados piratamonsters de rostros cambiantes y golpes mortales (si no recuerdo mal, Jim incluía un leño que rompiá en dos de un golpe) Delirios como bíceps que crecen, o el pelo selvático de Capitán Jim, el eslabón perdido entre Sandokan y Alan Moore al que, de haber sido producto íbero, no sobraría un pelo pecho tupido y viriliter. Malditos sajones lampiños, hemos perdido al muñeco macho-alpha perfecto...
Pero aunque Jim, con su poderosa humanidad y mayor hombría, era mi pirata favorito entonces, tengo que admirarme hoy por estos dos neo Zipi y Zape del filibusterismo cuyos rostros humanos cambiaban, a un golpe de brazo, a aberraciones sacadas de una cinta de terror de Mario Bava:
Maravilloso, pero piense el lector que estas dos monstruosidades faranduleras lucían un rostro humano apolíneo y galante...
Hay algo perverso en ello: como si el galán modélico, el ecce homo sexy de disco pub setentero, escondiese (para el caso en el reverso del capuchón) a un monstruo. Entre cuentos de piratas se explica que la virtud debe ser objeto de desconfianzas y la belleza deberá ser interior. Y el interior aquí era calavérico o verde-Troma. Yuyu.
Aunque ya que estamos con el lado turbio... los juguetes de hoy carecen de esta sórdida semidesnudez, sexy, sudorosa...
Por no hablar de lo fácilmente que se unían en estos muñecos sexo y mutilación, amigos... conceptos unidos aquí de un modo sórdido y cronenbergiano.
Estos muñecos, por cierto, aportan también unas cajas maravillosas, coloridas y horteritas como tiene que ser.

En fin, la conclusión a todo esto es obvia. El juguete que empuñas y al que otorgas vida tiene una capacidad inexistente en otras formas de ocio prepúber: la imaginación como gobierno de los asuntos del juego. Imaginación para empastar un superéroe Marvel y un personaje del folclore. Para otorgar matices inexistentes en cada juguete. Para crear alrededor del Capitán Jim todo lo qeu quieras sin restricciones.
No quiero decir, ojo, que una buena sesión de Wii o de X-Box no tenga bondades enormes. Pero sí que, dado lo cómodo que resulta para todos enchufar el juguete (ausencia de desorden, abstracción potentísima, posibilidad de olvidarte de tu hijo ya que no se reclama la participación paterna...) terminar, por dejadez y comodidad, olvidando todo lo bueno que hay en el juguete tradicional sería una pena. Además, jugar a piratas en la alfombra de tu hijo... eso no tiene precio.
Por no decir que yo siempre puedo aportar al juego mi gorila de Big Jim, que sí, aún conservo (sin red ni catapulta, eso sí... lo digo porque si me persono en tu casa para una timba no me lo recrimines).

08 febrero 2013

"mbv" de My Bloody Valentine, o donde Julián Ruiz no admite críticas (y a mí me importa un rábano)

Esta mañana, a través de un artículo de la web Jenesaispop, llegué vía enlace a la crítica que Julián Ruiz escribía sobre "mbv", nuevo desco de My Bloody Valentine. Ruíz es un periodista a mi juicio bastante retrógrado, que creció en M80 a la luz de un supuesto criterio selecto (pero dando cancha, entre cosita indie y cosita indie, a la caspa radioformulera habitual). Su programa tenía nombre propio pero no me interesa darle publicidad en mi reducido círculo de lectores.
La crítica del álbum "mbv" es negativa, lo cual no es el problema. No es la primera que leo y que no considera el retorno de My Bloody Valentine un acierto. Eso es muy respetable aunque no lo comparto (cuanto más lo escucho, más me gusta).
Lo alucinante es que para atizarle al disco suelta perlas de redacción dadá como
Voces que no se escuchan guitarras, absurdas, desafinada , climas desagradables.
Una vergüenza. Sólo les puede gustar a lo que llevan la contraria en todo.
A la indigente musical le he llamado a la que he llamado antes con otro nombre, por culpa de un “lapsus de memoria”, cosa que no permiten los intrasigentes 
Plas
Plas
Plas.

Luego tenemos inexactitudes. Por lo que creo entender de esa frase "ultrashow" final, ya en otro post se equivocó al escribir el nombre de Bilinda Butcher. No es intransigencia del lector, es pedirle a Ruiz un poquito de Wikipedia, un segundo de trabajo. Entiendo las críticas. Pero aquí mete, "again", otra gamba auqneu en el pasado reciente le hayan afeado esa costumbre: "Loveless" es de 1991. Estamos en 2013. Lean, sumen:
¿Para esto han tardado 24 años en hacer otro album?.
Plas plas plas. Con las orejas.
Repito, nada de talibanismo, un segundo, una búsqueda y tienes TODOS los datos. es pedir un profesional que no se encuentra por ningún lado.

Mas todo lo expuesto tampoco me motivó a comentar en el blog. ¿Qué más me da un blog del hombre este? Que sea feliz, yo a mi vida. Pero lo que me hizo sentir mal, y estar leyendo a un amargado, capullo, faltón, machista retrógrado, fue esta perla:
Y todavía se quejaba la chica horrorosa del grupo, Bilinda Butcher ...
Ya, vale, no me importa la queja de Bilinda... ¿chica horrorosa?¿qué es esto? Julián Ruiz ¿no era un afamado periodista? No, Ruíz es un señor de edad que para criticar una banda que no le gusta elije a su cantante y guitarrista y la califica como "chica horrorosa". Lo primero, Bilinda tiene hoy 51 años. Me parece, además de lo dicho (repito, machista retrógrado amargado) de poco tacto referirse así a la dama (que en fin, no se mantiene nada mal para tener medio siglo, lo digo de paso).

Hoy, ¡REGUAPA!
Ayer, ¡GUAPA!


¡MÁS QUE GUAPA!
Siempre, TALENTO MUSICAL, INTERPRETATIVO Y ESCÉNICO
Dicha toda esta intro, el único motivo para este post es que, como esta es mi casa, y a mí no me censura ni Dios cuando creo que en toda mi vida jamás he faltado al respeto, voy a publicar en mi blog el comentario crítico, muy crítico (pero desde el respeto), que quise colgar en el blog de Julián Ruiz y él o su equipo de playmóviles interneteros me ha censurado (ya han colgado otro comentario muy posterior, que por supuesto le da la razón al pope gurú de la naftalina)
Así que, querido Julián Ruiz:

No suelo comentar en lugares que no visito (llego aquí de rebote, vía link): cada cual que lea lo que quiera. Pero lo de este artículo me parece de traca. Llamar “la chica horrorosa” a la cantante de un grupo en la supuesta crítica de su nuevo disco… SE VE QUE HAY CALIDAD (esto es una cita musical, por cierto). Consejos para los lectores de este blog. Si quieren leer críticas bien escritas y bien argumentadas sobre “mbv”, les recomiendo busquen en la red las de jesesaispop, Playground, Mondo Sonoro, Númerocero o Go Mag, por ejemplo. No, no todas ellas son laudatorias (la mayoría sí, es un disco que está gustando, en los sites especializados) pero están bien argumentadas, bien puntuadas (eso de encontrar su sitio para las comas) y no faltan al respeto como forma de criticar una música. Hasta siempre.

04 febrero 2013

"mbv" de MY BLOODY VALENTINE


"mbv" no va a cambiar la historia del rock pero sí a sacudir 2013. Es el retorno de My Bloody Valentine (último disco, 1991).
La categoría legendaria entumece al crítico. Los sites de rock, tan dados a sacar su crítica/opinión dos minutos después de cada lanzamiento, permanecieron acogotados desde hace horas. Twitter se llenó de opinión voraz y de chascarrillos, pero nadie daba el primer paso de ponerle el cascabel crítico al disco más difícil de lo que llevamos de década (no digo por audible sino por cómo encararlo, aunque yo lo veo fácil: como cualquier otro disco).
Pero la parálisis es normal. "Loveless" es una de las piedras angulares de la historia del rock, eso es indudable, y una parte de su mítica estaba en su continuación no-consumada, que dejó espacio libre a hordas de devotos e imitadores. My Bloody Valentine son necesarios para comprender mucho del rock que vino: los Sugar de Bob Mould, Los Planetas, Mogwai, The Boo Radleys, el post-rock, el noise del siglo XXI (A Place to Bury Strangers, The Joy Formidable y decenas de noisers más), bastante electrónica paisajística... todo viene de ese disco. Y "Loveless", además, es en sí mismo una cima, un monumento de música orgánica y perfecta donde no sobra ni un adorno de pandereta.
¿Se puede dar solución de continuidad a esto?
Tampoco se puede responder a tal pregunta categórica porque hay mucha leyenda. En los noventa ya se habló del trabajo en estudio, de inundaciones, de crisis matrimoniales que disolvieron en grupo. Luego Shields inyectó su talento en Primal Scream ("xtrmntor", ese disco de punk futurista) y todos olvidamos un posible surgimiento de la banda. Se contaminó la continuidad natural, se convirtio en problema y en un imposible, o una quimera sobre la que no merecía la pena especular. En su momento lógico (pongamos, cinco años después de "Loveless") no pudo ser. Y además, se cerificó en fin de la banda.
Hasta 2008. La gira de resurrección fue algo sobrenatural: el cuarteto parecía haber estado guardado en criogénesis, estaban sobre los escenarios con sus pintas de hacía veinte años (con las arrugas del tiempo, pero poco más) y dueños de un pavoroso caudal noise que dejaba a Sonic Youth (los maestros noise) e incluso Mogwai (los nuevos embajadores del ruido) a la altura de aprendices. Y más declaraciones. La banda vuelve a trabajar en la continuación de marras. Reseteo del chip mental. "Miente" fue la tónica en los comentarios. Yo creí que llegaría tarde o temprano. Bueno, tarde. Pero que llegaría.
Y al final los listos fueron los tontos y solo había que confiar en el perfeccionismo casi histérico de Shields dentro de los estudios de grabación. "mbv" está aquí.
Lo nuevo de My Bloody Valentine.

A ver. Yo compré el primer disco de My Bloody (el de verdad, dejémonos de chorradas y prehistorias, hablo de "Isn't Anything") en 1988. ¿Y tú? Luego los redescubrí con un "Loveless" que es ya mi disco de cabezera indiscutiblemente. Luego fue la leyenda y la búsqueda de ese sonido ingrávido pero en ebullición en cientos de bandas "a la Bloody". Después peregrinar a verles en directo. Ahora, "mbv" ¿quieres una crítica de El Octavio Pasajero?¿Para qué? Búscate a un treintañero que no los lleve en el adn, que sea más de Strokes, de The Horrors o de cualquier otro grupo generacional a ver cómo vive este retorno de un modo frío.
Yo solo diré que "mbv" me devuelve lo que NADIE pudo darme en 21 años, que lo hace sin fotocopiar "Loveles" (más bien por momentos parece tomar los ep's previos, 'Glider' y 'Tremolo', para buscar nuevas formas a su magma de siempre), que tiene  momentos de puro Valentine y otros que son alucinantes demostraciones de que lo que decía Sields en 1997 era cierto (mixturas tremebundas de noise, kraut, drum'nbass), que vuelve a ser conjuntado pero al tiempo muy variado.
Que no va a ser disco de la década, claro, no lo pretende.
Que han vuelto.
Sin estrellas, porque están por encima de esas cosas.

01 febrero 2013

el misterio YO LA TENGO (a propósito de "FADE")



No es normal, no es de este mundo.
No es lógico.
Yo La Tengo llevan en activo desde 1984, no han sido banda de cambios estilísticos sorprendentes (ni siquiera su entrada en el siglo XXI con el "mood" más bucólico y apacible deja de lanzar anzeulos a su faceta más tersa de discos anteriores) y cada nueva entrega es una apuesta segura. "Compre Yo La Tengo: comprará un buen disco" podría ser su frase.
Uno entra en "Fade" pensando, de verdad, que ya se ha acabado. Que sin sorpresa ya no hay emoción. Pero sabiendo que cada nuevo disco siempre me ha embaucado tampoco me sorprendo de haber caído rendido a su largo nº 13. ¿Porqué, cómo lo hacen?.
Bueno, en primer lugar, "Fade" se abre con "Ohm" y es inevitable caer de rodillas. Una de esas canciones donde Ira Kaplan tensa la pedalera de su eléctrica para hacer vibrar los motores de su jumbo sónico. No salvajemente, con calidez, como un arrullo noise. Lo de siempre pero como siempre. Esto es: como nadie. ¿Qué banda reciente alcanza el nivel de sabiduría de los de Hoboken en esta canción?¿Yuck? ¡Ja!. Necesitan cuatro lustros de sabiduría para lograr esta maravilla. Las dinámicas percusiones, los prodigiosos empastes vocales, y por supuesto el dominio de la distorión de Yo La Tengo están muy por encima de la media.
El disco, no obstante, persiste en la línea de los últimos YLT, tranquila, detallista y confortable. "Is that enough" introduce unas cuerdas deliciosas y casi sorprendentes en danza con una eléctrica áspera, "Before we run" repite cuerdas y añade vientos de aire psicodélico, "Two trains" reduce su biorritmo al susurro. Todo detalles de magister.
Y no podemos olvidar otro ingrediente a la pócima druídica del trío: talento melódico a raudales. "Paddeel Foward", "Cornelia and Jane" o la misma "Ohm" son simplemente perfectos pepinazos pop-rock y en el caso de la última, aires country: dominando todos los palos, como siempre. Dos peldaños por encima del resto.
Yo La tengo, nice guys
(y hace años, por cierto, pero... bonita foto)
A todo ello sumamos las necesarias gotas de "un algo más", que para la ocasión proporciona la producción de John McEntire, líder de la banda post-rock Tortoise. Su mano quizá se nota en las percusiones, más dinámicas y juguetonas que nunca, o en el carácter homogéneo de "Fade" (frente a sus precursores, discos que jugaban a la variedad de registros más traviesa).
Rastros, pistas para intentar explicar algo que, cierto, no es lógico pero vuelve a suceder. Yo La Tengo siguen triunfando con cada muevo disco.