01 marzo 2014

El golpe de estado de Jordi Evole

Bromas que escuecen.
Confieso que por circunstancias personales no pude ver el ya famoso mockumentary de Jordi Élvole. Y que, también por circunstancias personales, no fui consciente del eco posterior hasta las 16 horas del lunes siguiente.
Me dejó noqueado: la red era un hervidero, las redes sociales una sartén al fuego, los programas de radio generalistas se pegaban por entrevistar a Évole. Tertulias dedicadas al espacio, enteritas...
¿Fue para tanto?
Lo fue, a mi juicio lo fue.
La cuestión a debatir es doble, la factura del espacio en sí, y su entidad como "rock action", que dirían Mogwai. Como programa, es un sencillo documental demasiado enfático e hiper musculado, con música recalcitrante, con una voz en off excesiva, wagneriana, y eso sí, con unos actorazos que no sé qué hacen metidos a políticos. Bueno, lo sé, lo sé.
Que el asunto arranque con una presentación a gente "de la calle" que se les escatima el final revelador (que todo es mentira) me parece tramposo de narices. Que el falso documental baile con una idea tan absurda y expresada a bocajarro desde el minuto 01 ("Garci, Volver a empezar y el 23 F", podía haberse titulado) y que sin embargo haya colado dice mucho de muchos, incluidos los realizadores del programa. De sus bondades como artefacto, de la inopia o la credulidad del espectador, y je, del ego de la gente (hubo quien aseguró ya conocer esos echos top secrets, manda huevos).
Y es que más allá de sus carencias o bondades, de que haya engañado o no, (¿me la habría colado a mí? ¿con twitter en el regazo? puede, soy crédulo y tengo buena disposición, nada alerta, hacia Évole... pero no creo: estaría twitteando durante todo el programa el asunto con los colegas, riéndome de la mala actuación de Garci y lo buena de Jorge Verstrynge), lo importante es entender "Operación Palace" como una acción televisiva osada, a contracorriente. Incluso, a juzgar del airado eco producido, contra la comodidad del propio espectador.
El mockumentario ha puesto sobre el tapete varios asuntos importantes. El más ligero: en una realidad catódica que muchos asumen con alegría, a la mentira como vertebración de horas y horas de tele-(pseudo)entretenimiento (ver las atribulaciones vitales de la Belén Esteban, los asuntos post reallity de los concursantes de Gran Hermano y similares o cada entrevista que concede el Paquirrín) puede dársele la vuelta, aplicarla a un asunto realmente trascendente, y además hacerlo sin engañar a nadie (ya que aquí se concluye advirtiendo la farsa)... pero engañando a muchos, a su pesar. Lo curioso, pese a su transparencia final, esto ofende y las idioteces de la telebasura gustan (al público que las asume como alfalfa para su cerebro, claro).
Y bien, puesta en la picota la televisión como espectáculo, Évole no deja de defenestrar los medios de la prensa actuales. Al poner una hipótesis absurda sobre la mesa que se sustenta en una realidad (se trata, el 23 F, de un asunto aún sin desclasificar) lo que hace es caricaturizar la conspiranoia de artefactos como El Mundo y su encoñamiento con ETA respecto a la matanza de Atocha. Es el primer y más evidente ejemplo de mockinvestigation de nuestra prensa, pero no el único. De hecho , lo sabemos, cada medio fantasea según el partido o poder que lo sustente.
Y por último, no lo olvidemos (porque ya lo he dicho, vale), el 23 F es un secreto, el propio Évole "criticó que los documentos clasificados sobre el golpe no se puedan consultar hasta 25 años después de la muerte de los implicados en el 23F" (fuente, cadena SER). Por tanto el teatro de la conspiración refleja la posibilidad de una conspiración que no nos dejan conocer, o, sin llegar a límites conspiranóicos, la evidencia de que el pueblo, que es la esencia de la democracia, no sabe aún qué es lo que pasó en esas horas cruciales. O no del todo.

Tres bofetadas cósmicas en una horita de programa que reventó audiencias, obtuvo el eco que no recuerdo en otro programa televisivo (más allá de deportes y las cucharillas de Uri Geller, la teta de Sabrina y la parodia de La Pantoja y Encarna Sánchez de Martes y 13) y, lo más hermoso de todo ello, soliviantó descomunalmente a la caberna. ¿"Fail"? Ni de coña.