10 agosto 2014

Cómics coruñeses (Viñetas desde o Atlántico, y Autobán)

Viñetas desde o Atlántico y Autobán, dos por uno. Dos eventos alrededor de la historieta gratuitos y complementarios, celebrándose el A Coruña a la vez (bueno, Viñetas dura más).
Visita en familia. Suelo acudir siempre a Coruña con mi pareja y con el chaval, hoy de siete años, y en esta ocasión más aún, por esta condición dual, entre lo mainstream y las corrientes emergentes, que me pareció interesantísimo y recordó no poco al dueto Graf/Otros (Saló, Expocómic). Me parecen eventos que cualquiera puede disfrutar (cada cual en su justa medida, un ratito, una maratón…) y respecto al niño, lo considero muy bueno para él. Consciente de que le iba a interesar relativamente, que se cansaría y claro, me frenaría en la asistencia a saraos varios. La decisión pasa por empapar ya no de cómics a mi hijo sino de una ética determinada que habla de actitudes culturales. De la cultura como ocio (Viñetas, con sus grandes estatuas, su mercado de librerías, su taller de maquillaje) y como horno o fragua de creación (los fanzines, la emergencia, las ganas, y los autores consagrados en Viñetas… claro, ver originales de Spider con siete… quién lo hubiera podido experimentar aunque no te dieses cuenta del puntazo hasta diez años más tarde). Además había una charla (hubo varias, tanto en Autobán como en Viñetas) de David Rubín y Miguel Ángel Giner sobre su experiencia en Viñetas deVida, a la que quise acudir, y pude hacerlo un rato. Bueno, me hubiera encantado asistir a todas, qué porras, pero por horario (16’30 horas) esta al menos creí que era compatible con una larga jornada en familia de salón en salón.
Por cierto, pido la condenación eterna para la empresa de autobuses de A Coruña. Les voy a introducir un concepto: aire acondicionado en sus cacharros. Llegamos al Autobán chorreando sudor.
Pero bueno, Autobán habemus. Por lo visto en la charla a la que acudí, la ubicación de las mismas me gustó mucho, un café pub de esos consolera, decoración molona y ambiente distendido (creo que para el combate de dibujantes el ambiente era más bien caldoso, por cantidad de gente) en el que mi hijo se hartó de sacar fotos con el móvil, y donde Giner y Rubín hablaron de su experiencia. Impactantes las palabras de David Rubín sobre la ausencia de imagen propia de los niños en Burundi, y su reflexión sobre la conexión mundial, entender que aquí o todos flotan o lo que se hunde no es una mitad (Sur) sino que perdemos todos. Y bueno, hubo que irse por la mitad de la charla (no sin antes cruzarme con José Domingo en ese lugar, una de las personas implicadas en la Autobadventure Time!)
Y no solo de charlas y mesas redondas se vive: hubo eventos diversos alrededor del Autobán. Una PechaKucha de auto­edición (presentaciones exprés, vamos), el mencionado Combate de Debuxantes, o una Sesión vermú en el lugar de los stands de fanzines. En esas llegamos, creo, durante la sesión dj en el mercadillo de fanzines.
Sí, has leído bien: CREO que llegamos al mercadillo durante la sesión vermú porque la peña andaba con copas fuera de The Room, el recinto de celebración, pero ni me enteré del asunto. Soy así, todo despiste, me meto en el tema de los autores, las mesas, las firmas, los saludos, los abrazos, y me olvido de lo demás, me pierdo medio sarao y hasta CASI me dejo olvidadas la mitad de mis compras fanzineras para cachondeo padre de David Rubín e, intuyo, alucine de los Sacoponchos (fanzine gallego del que me llevé cosas que casi quedan allí, en la mesa de otros autores). Perfect Disaster fue una de mis bandas favoritas en los ochenta, lógico ¿no? Pero sí, las movidas como esta, la autogestión loca, valiente, llena de ilusión y ganas, me pierden y olvido lo que no es fundamental, y me centro en el contacto, sudar un poco la camiseta entre revistas, autores y gentes del mundillo. Un buen rato con Sergio Covelo, otro más breve con David Fernández, encuentro fugaz (me remito al tema “ir con hijos a saraos”, que claro, ni él ni mi santa pareja tienen en su adn mi aguante comiquero), Los Bravú atendiendo el mostrador de Fulgencio Pinentel y con sus autoeditados (por cierto, Fulgencio, la excepción editorial, el ánimo ético de ser más cercanos al magma que al mineral pulido), y otra charla con David Rubín, que da gusto porque es todo pasión, se acerca con la ilusión intacta de un fan al meollo y alucina como el que más cuando cae en sus manos el DC Comics Style Guide de José Luis García López (que he mirado con él, flipando un ratillo... ahora que lo pienso, éramos dos, podríamos haber maniatado al dueño de aquello y repartirlo luego o jugárnoslo a los chinos, no sé...).
Bueno, hubo botín en Autobán, claro, fanzines varios. Al final menos de los que debería haber pillado, segurísimo, pero bueno, lo dicho, disperso por natura y con cervezas en el cuerpo en ayunas no puedo estar centrado. Y tengo que mencionar a dos chavales, Ismael López Árias de apenas 10 años sacándose 48 páginas a color, y el otro, Cristian Fojón, 17, sentando bases con mucha solidez a su personalidad autoral, entre el manga y la galizian bizarre. Ojito a este chico.

Pero mirad, confesaré que LA COMPRA de estos días no se dio en el Autobán ni en el Viñetas, sino en la librería “El Coleccionista”, visita obligada todos los años por las posibles sorpresas, donde compré el Súperputa de Manel Fontdevila. Una lectura pendiente, joya inencontrable y que espero sea gozosa. Compra por menos de siete euros. Lloro.
Y Viñetas, buf. Viñetas es el salón de autor que algunos pedían hace un par de años, estoy convencido (a falta de conocer otros posibles candidatos). Salón mainstream, para todos los públicos, con mirada sensible hacia el hecho autoral pero transversal, que atiende a continentes, estilos, épocas y sensibilidades diversas y consolidadas. El grueso son los muchos espacios expositivos, con cientos de originales expuestos, que van del modelo franco belga a los mejores dibujantes de Marvel (que son españoles, por cierto: Marcos Martín –ahora con The private Eye volando free- y Javier Rodríguez, tremendos ambos) pasando por una delicia comisariada por Jaume Vaquer centrada en maestros del tebeo nacional clásico, pura y brillante artesanía maestra en cada trazo. Mención especial a la muestra de Sento, con mucho material de creación pura, objetos de documentación para la obra, bocetos…
Y lo habitual, casetas de ventas, y estatuas callejeras (el Joker, Torpedo, Astérix, Rocco Vargas...) que son el mejor reclamo a gente que no va a entrar más en el tema cómic, pero mira, así se acercan un día.

Bueno, pues ea, pilas recargadas. A leer fanzines.