23 agosto 2014

LOS GUARDIANES DE LA GALAXIA

Muy interesante el último producto Marvel, más allá de resultados artísticos.
"Los Guardianes de la Galaxia" se ha cocinado con elementos muy propios del universo Marvel, del mismo modo que Vengadores de Whedon. Si entonces el modelo era la Marvel sixties, con sus careos entre personajes que se resuelven en épica púgil, ahora el espejo el el desarrollo setentero que trajo Jim Starlin (mirándose, obviamente, en la revitalización que se pretendió en los dosmiles). Esto es, en la zona cósmica de los superhéroes. En este sentido, apunte breve desde la frikizone, me extrañó no encontrar un cameo fugaz de Galactus (sí lo hay de otras criaturas cósmicas todopoderosas), pero el palo del asunto es ese: un vasto cosmos poblado de peligros y poderes inimaginables, que pende de un grupo más bien bufo (en esto algo hay de Starlin también, el que intentó revitalizar a Silver Surfer y a Warlock como dueño de las Gemas del Infinito allá en los noventa). Desconozco si la nueva serie de los Guardianes se apoya también en el humor, por cierto.
Me interesaba comentarlo porque, la verdad, estos Guardianes me son ajenos completamente (sí recordaba al grupo ochentero). Esto viene a apoyar una cuestión: esta cinta es autónoma, y aunque evidentemente se nutre del bestiario Marvel, puede ser asimilada por cualquier espectador ajeno a las grapillas y los quioscos o librerías especializadas. La cuestión no es menor, como comentaré al concluir mi perorata.
¿Y qué tal la película? Pues predecible, y de una grandiosidad descomunal y permanentemente trepidante. En ocasiones me pareció la versión hipermusculada y multiplicada a todo el film del glorioso final de "Los Vengadores". Bien mezclado con Star Wars (ese cartel) y el nervio de JJ Abrams en "Star Trek". Todo es de una enormidad que empereza. Menos mal que el humor está presente para desengrasar. Si "Los Guardianes de la Galaxia" funciona o al menos no te saca de la pantalla, es gracias al vacile. Y sobre todo a la sobre explotación de un infalible recurso Marvel: los miembros del "equipo" apenas se soportan cuando no son directamente antagónicos. Como en los viejos 4 Fantásticos, siempre en escaramuza interna. La moraleja entrará en juego, claro, y caerá una generosa cascada de amapolas y miel que les hará comprender que son Un Equipo y que se Quieren, manda la ley del comercio y lo obvio, por supuesto. Pero moralinas y obviedades al margen, el cóctel explosivo de polos opuestos está servido, y eso siempre funciona.
Luego, los malos, si eres marvelzombi lo gozarás, si no, Thanos no tiene más entidad que la construcción del Peligro Definitivo de Los vengadores 3 (o 4 o cuando toque, mientras, vamos inflando el icono en apariciones breves), Ronan luce, y los demás son comparsas.
En fin, todo envasado en efectos digitales de campanillas y ritmo trepidante, pero sin el orden a la dirección de Whedon, cuyas escenas de batalla eran coreografías tan espectaculares como 100% legibles.
En todo caso, exitazo, y aquí está lo más interesante de todo. ¿Los Guardianes de la qué?. Hasta ahora Marvel Cine explotó (y sobre explotó) lo que podemos llamar iconos populares: los X-men, Spiderman, Hulk, luego Vengadores, que supuso un plan elaborado con las maneras de la continuidad Marvel por bandera, en una serie de precuelas en sustantivo antes de abordar al colectivo... pero ahora el exitazo ha llegado con unos perfectos secundarios. Desconocidos en los mass media.
"La casa de las ideas" tenía una cojonuda y la ha bordado: invadir el cine paulatinamente apoyándose en sus mitos... hasta conseguir que lo que venda no sean los personajes (mucho menos aún, claro, sus creadores, ninguneados) sino... la marca. "Guardianes de la Galaxia" ha triunfado no por Starlord o por Ronan. Ha triunfado por ser "Marvel". "Marvel" como marca de producto ya vende en Hollywood, hogar de Disney, dueño de Marvel. Mañana pueden hacer una película de Doc. Samson, que será un éxito absoluto porque vende "Marvel", no el personaje-icono. Definitivamente los cómics han muerto, en la editorial, solo resta un enorme pozo del que abrevar.