28 septiembre 2014

BOYHOOD de Richard Linklater

Está claro que el elemento distintivo de esta cinta lo da el tiempo, su tránsito y la paciente recopilación del mismo que hace el directos Richard Linklater a través del niño protagonista, entre sus 6 y sus 18 años de edad.
La cinta en principio, reducida a argumento, es otro relato más de vida cotidiana, a través del que se asiste a ese catálogo de pequeñas-grandes cuestiones que conforman cualquier vida de nuestro tiempo. Que esto se ruede con un elenco fijo de actores potencia el discurso y el todo adquiere fuerza. Fuerza suficiente para minimizar el calado negativo de ciertos recursos de guión tramposos (pienso en las figuras bufonescas y completamente planas de los abuelos, o un discurso materno final muy de telefilm de las 16'30). Los peros no provocan un desastre en el montante global porque Linklater mira la vida con sensibilidad, y la filma con sugerente inteligencia. En este sentido un ejemplo (spoiler, chavalada) es el diferente enfoque a los divorcios de la madre (Patricia Arquette, actriz que me puede y que en los doce años de rodaje de Boyhood acusa cambios igual que los niños). El primero es elíptico, ya ha sucedido cuando arranca la cinta, y se adivina problemático pero no traumático, con la figura del padre natural de los hijos. El segundo lo presenta con pelos y señales. Y el tercero es nuevamente elíptico aunque el deterioro de la relación se aprecia en detalles de guión y dirección. ¿Porqué en este tercer caso la historia pasa de puntillas por el conflictivo divorcio mientras que en el anterior centra atenciones? Me parece un modo de integrar la mirada, nuevamente, en el discurso. Mason (Ellar Coltrane), el protagonista, es niño en el caso del 2º divorcio, y todo un adolescente pre universitario en el último. Lo que le afecta el tema cuando se es niño y lo que duele al adolescente no es lo mismo, y así queda dicho (sin acentos, sin "explicarnos" con diálogos, sino con la atención recibida para cada caso).
Otro punto interesante es el empleo de música diegética. Cuando suena una canción en la ficción (empieza si no recuerdo mal con un Clodplay de 2000, y termina con cosas del último Yo La Tengo de 2013) nos habla también, claro, del paso del tiempo, del tiempo que ha transcurrido en la última elipsis. Para el meló´mano, los temas parecen marcar el tiempo (un Flaming Lips de 2002 por aquí, una Cat Power de 2006 por allá...).
Al final, pues, incluso con un material bastante común (se me ocurre una famosa y fabulosa trilogía que nos habla de exactamente lo mismo, el crecimiento y el transcurso del tiempo: Toy Story), cuando el buen gusto y la mirada personal del autor son eficaces, las cosas ganan muchos enteros. Es el caso.

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