24 septiembre 2014

Joven y bonita, de Françoise Ozon

Ozon acerca la cámara a una historia tremendamente sórdida sin posicionamientos. Valiente, exlora la vida de una joven de diecisiete años que se sumerge en la prostitución por cuenta propia, vía redes sociales y páginas de contactos.
La cinta comienza con un acto de vouyerismo de quien, pronto lo sabremos, es el hermano menor de la chavala, y la mirada es importante en esta obra. La del autor, como he dicho, objetiva y sin posicionarse moralmente, la de la protagonista que, desde una pronta escena de despertar sexual de polvo de verano, es la que importa. En su mirada intentamos descubrir sus motivaciones, el porqué de su doble vida. Y hay más miradas. La de la madre, la del padrastro, y finalmente la nuestra.
No lo pone nada fácil la cinta, y solo desentona una confesión (curiosamente Ozon filma en esa plática la boca, no los ojos) que explica lo que no debería ser verbalizado. No debería, digo, porque sostengo que lo mejor de esta película es dar los hechos sin explicarlos, con puntos de vista "verité" y con momentos de fascinación absolua, como todo el desarrollo de la relación filial, o una conversación fabulosa y alejada de clichés cinematográficos (ah, qué haría aquí una de Hollywood) entre la niña-mujer-puta y su padrastro, de quien intuimos que reconoce la belleza juvenil y perfecta de su hijastra.
Demoledora, bella, dura y hermosa cinta, pozí.

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