20 septiembre 2014

PHILOMENA, de Stephen Frears


Blanda y dura a la vez, Philomena se mueve entre el cine social inglés de Loach y compañía (y el propio Frears, de hecho) y el telefilm fofo de café y siesta con lacrimal simplón. Esto se puede convertir casi en virtud gracias a un sentido del humor de brochazo, mayormente, pero que depara una magnífica interpretación tando de Judi Dench como sobre todo de un magnífico Steve Coogan en su papel de periodista progresista caído.
Más allá de la denuncia al sistema católico irlandés y la impunidad con que hacían y deshacían las monjas las maternidades solteras, arebatando hijos y cediéndolos a otras familias, lo mejor de la cinta es el trato humano, personal y con más matices de lo que al principio parece que van a disfrutar los personajes (al menos los principales).
Con sus cosas menos defendibles, como un gusto por masajear en vez de abofetear conciencias, la película se disfruta, en ocasiones consigue ser dolorosa, y en otras se agradece que no todo se ofrezca como blanco o negro sin matices.

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