30 enero 2015

A la mierda la música para viejos

No soy de los que van aflojando esfínter con los clásicos del rock sin que ni me suene, no sé, Eels, por citar algo que ya tiene una carrera consolidadísima, hoy. Que sí, que a todos nos gustan y gustaron AC/DC, Neu! y The Smiths, y todos adoramos a Joy Division, pero el rock, a diferencia de muchas otras cosas, es una ética que vive del presente o se transforma en un armario lleno de ropa y polillas. El presente ventila. Para mí, desde luego es así, es mi ética.

Puedo escuchar música para viejos (la música que escucharon tus padres, o la que yo escuché a mis veinte, ¡hace más de veinte años ya!) pero si dejo de emocionarme con la savia nueva mejor me abandono a Haendel y Palestrina.

Porque el rock no es (solamente) genuflexionarte ante los clásicos consumados y hoy inertes (estatuas de marfil, preciosas, pero de otro tiempo). El rock es sentir pálpitos con algo nuevo. A veces inventa universos. Otras, solo abreva del pasado (de las estatuas marmóreas, pues) para hacer cosas excitantes, vivas y del presente.

Un ejemplo (al hilo de un "Estado de Facebook" de Borja Crespo, otro eternal youth):

Me alucina que estas niñas y un chaval rondasen los 15 a 19 años, cuando grabaron temas como este "Otitis" que tiene tantos evidentes padres (os dejo los comentarios para citarlos) como emana excitación y talento para empalmar orejas con una fuerza excitante.

Excitación, justo lo que no puede darte una estatua de mármol de hace treinta años.



Ah, en marzo-abril no les llames por teléfono: están girando por Estados Unidos, sí.

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