11 enero 2015

Un dolor inmenso (todos somos Charlie Hebdo)

El pasado miércoles fue uno de los días más tristes para el cómic. El día más triste, mejor dicho, de la historia del cómic y el humor gráfico.



Llevo varios días algo bloqueado, leyendo mucho y a muchos, pensando si escribir algo, para qué ¿Quién soy yo en el mundo herido del cómic y el humor gráfico? poca cosa, hay otras voces que sí se están manifestando y merece la pena leerlas por su peso en el sector y por la lucidez y hasta emotividad de sus palabras e ilustraciones. Incluso las plumas y los muchos homenajes gráficos que ya aciertan al abordar el suceso, ya están ahí, y no creo poder aportar nada nuevo, ni gloriosas revelaciones o análisis preclaros.
¿Qué decir, de decir algo?.
La condena al terrorismo es lo obvio.
La indignación ante la estulticia de muchos en redes sociales, las frases hechas convertidas en tuitts... es una pérdida de tiempo, y es mejor ignorar todo ese maremágnum.
Los olores más peligrosos, el racismo latente o algo más, preocupan, ¿pero?¿digo que NO?¿que el problema no es de un pueblo atacante, una religión invasora?¿Que hay más matices? Los hay.
Entonces...
¿Porqué escribir sobre Charlie Hebdo yo, aquí? Quizá por lo único válido, porque siento mucho dolor. Porque toda mi vida he leído cómics, y eso hacían Charb, Cabu, Wolinski, Tignous. Eran autores de cómic, de humor gráfico, incisivos destripadores de la sociedad y el presente, vía el humor sin sordina.
Wolinsky, "Lily la pute", Hara-Kiry, 1966
No me las daré de lo que no soy, no soy lector ni entendido del Charlie, pero su herencia (o la herencia de su ascendente directo, Hara-Kiri) es tan vasta que abarca todo en el humor menos políticamente correcto, de El Papus a Mongolia, de El Jueves a Orgullo y Satisfacción. Representa una tradición del humor hoy más necesaria que nunca. La que nos hace reír riéndose de todo.
No habría que pensar que son valientes, sino lúcidos. Sabemos que estaban amenazados, pero la materialización asesina, criminal, fundamentalista, ha convertido esa idea pulsante en realidad horrible. Hoy todo dibujante satírico está en una situación de peligro. Porque además los buenos no callarán, no han callado, de hecho. Y seguirán luchando por la libertad de expresión. Con el humor. Haciéndonos reír.
He escrito "lucharán". Creo que las cosas han cambiado a partir del atentado del pasado miércoles.
Y es cierto mucho de lo que se dice. Sobre todo, que sí, "todos somos Charlie" porque el terrorismo integrista puede ir a por todos. Por pensar, y no hacerlo culo en pompa mirando hacia ellos. Y podríamos enredarnos en hablar de causas, naturaleza, culpables, causantes y consecuencias, dimes y diretes alrededor de los integristas radicales religiosos (que son minoría en el Islam, hay que decirlo).
Pero yo sigo focalizado en una idea, la de la terrible pérdida sin sentido de un grupo de autores de cómic y humor gráfico (que no periodistas, como leo tantas veces), y solo me consuela que en breve saldrá un nuevo número de Charlie Hebdo, con una tirada salvaje de 1.000.000 de ejemplares, porque NI DIOS puede parar al humor, sin el que somos cualquier cosa menos seres humanos.

3 comentarios:

David dijo...

Mmm... No todos somos Charlie Hebdo. Le Pen ya ha dicho que no, y en El País hay otro articulista que dice que tampoco. Pepo acaba de hacer una entrada muy maja sobre el tema en Es muy de cómic.
Un saludo.

David dijo...

Ah! Acabo de ver tu comentario.

Octavio B. (señor punch) dijo...

¿? No comenté nada, ¿no? :D