18 febrero 2015

LA ISLA MÍNIMA, de Alberto Rodríguez

La isla mínima viene de arrasar en los Goya, lo cual es un trailer publicitario que le beneficia y propicia una segunda vida en las salas de cine. Yo la he visto hace unos días, y solo puedo recomendarla. Cine "polar" construido sobre los patrones del género, con una solidez intachable. Una historia de crímenes a investigar en un entorno concreto, un pueblo en las marismas del Guadalquivir (rodadas a vista de pájaro con un senido casi fantastique), en la España de 1980. Democrática pero con la dictadura aún muy cercana. Un ambiente particular que impregna la historia con acierto. El momento y el lugar no son mero atrezo sino que dan su carácter a esta historia de dos polis investigando sórdidos crímenes, con adolescentes desaparecidas.
Nada nuevo bajo el sol. Twin Peaks misma, quitando toda la paella sobrenatural, era la investigación de un asesinado en un pueblo, donde la víctima era una mujer adolescente.
La cuestión está no en lo original del tema, que no lo pretende, sino en el buen aprovechamiento de los códigos del género, en la factura de la cinta: todo está perfecto, de la fotografía a la banda sonora -de Julio de la Rosa, que curiosamente me ha sonado muy post rock-, pasando por la magnífica interpretación de Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez en la piel de dos policías antagónicos, uno con pasado y otro con futuro.
De tono seco, sin rodeos (magnífico es el final, como un guillotinazo, sin apenas vericuetos, al grano), La isla mínima es cine comercial bien pensado, y eso se agradece.