03 mayo 2015

INTERESTELLAR, de Christopher Nolan


Christopher Nolan es un director a medio camino del megalómano y el visionario, lo que siempre conlleva cosas buenas y cosas malas. Su cine, no hay duda, es de los pocos en el Big Hollywood que, sin dejar de ofrecer una suerte de blockbusters para adultos, lo hace exponiendo ideas tanto formales como de discurso. Pero la elefantiasis del ego del Gran Autor a veces (muchas veces) provoca que su cine sea demasiado artificioso, falsamente grandioso y por tanto alejado de lo principal: la empatía con el espectador. Se esfuerza en asombrar y se ve antes ese esfuerzo que lo asombroso.
Interestellar no va a alejarme de esta forma de ver a Nolan. Se trata de una película con momentos brillantísimos, imágenes de impacto, y una idea "motor" tan buena como poco original: el mundo muere, hay que irse, mandemos una Santa María espacial a buscar El Nuevo Mundo cósmico donde poder perpetuarnos. Pero no es redonda, no es el nuevo 2001 por mucho que ese empeño exude por cada uno de los poros de sus fotogramas.
Un acabado visual tremebundo aunque en ocasiones demasiado deudor de la citada 2001, una odisea del espacio (lo cual en realidad no es malo per se, sino otra declaración de intenciones grandiosa: "soy el nuevo Kubrik") y una historia entre lo infinito y la célula familar capaz de imbricar sentimientos a ras de tierra con el asombro ante lo ilimitado, son los dos aspectos más destacables. Una desmedida en el minutaje, donde cabe señalar incluso un capítulo entero innecesario (el personaje díscolo, disruptor, me sobra), es lo más criticable. Porque el gran espectáculo sin ritmo se desploma, y eso sucede en demasiadas ocasiones. Un final original y emotivo recupera al espectador, quizá demasiado tarde. Y algunas ideas como el mundo de agua quedarán, eso sí, para engrosar el catálogo de grandes momentos de la historia del género: las masas humanas de Metrópolis, la estatua de la libertad semi hundida en El planeta de los simios, el acople de las naves en 2001, la urbe neobarroca de Blade Runner vista desde el cielo... y sí, ese mundo con un palmo de agua por el que circulan libremente inmensas olas como muros ciclópeos.