18 julio 2015

20.000 días en la Tierra, de Iain Forsyth, Jane Pollard


Contingencias alrededor de un nombre: hace unas semanas estuvimos hablando del documental sobre un día en la vida de Nick Cave, ese artista que ahora es noticia luctuosa por el desgraciado fallecimiento de su hijo. Sea por el morbo o porque simplemente, lógico, con todo el tema me acordé de la mencionada 20.000 días en la Tierra, ayer me animé a verla.
Fabuloso documental a la gloria de una de las figuras más importantes de la historia del rock, que incide (¿por voluntad del protagonista, por ser la mirada de sus directores, porque así son las cosas realmente?) en la imagen de un presente tranquilo, familiar, responsable y ajeno a la locura de las drogas y excesos que ya son la leyenda negra de Cave.
Su documental ahonda en un personaje familiar (la escena con los gemelos se torna lúgubre y tristísima, hoy) y sobre todo en un estajanovista musical. Un trabajador constante alrededor de la composición y la interpretación que durante los 95 minutos de cinta divaga y divaga sobre el sentido de su arte, que al final es el de su vida. Y bueno, como Nick Cave es un escritor de altura monumental, su pensamiento arroja frases cargadas de potencia, a veces pagadas de sí mismas pero siempre ardientes, de fondo sincero.
Las sesiones de estudio, los shows en directo, la aparición de personalidades como Blixa Bargeld o Kylie Minogue, el compañero musical Warren Ellis... todo circunda a Cave, y Cave mismo circunda al arte. Y al final, inevitablemente vuelves al terrible presente del artista, a la dolorosa pérdida, y piensas que esta película, que fue interesante ayer, hoy es estremecedora porque no sabemos qué vendrá ahora, qué Nick Cave nos depara el futuro, si nos depara alguno.

Entrevista alos directores en Días de cine (TVE):