05 julio 2015

El Laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro (2006)


No había visto El Laberinto del Fauno, la recuperé hace unos días y me ha parecido que posee bastantes atractivos, consolidando mi buena opinión general de su director Guillermo del Toro, un autor que se ha sabido mantener en el culto del género que lo encumbró, insistiendo en su vena más lúdica (desde luego pienso ver, siguiendo la estela "recuperadora", Pacific Rim) y sabiendo entender las claves del buen terror: atmósfera, contención y estratégicos estallidos de violencia muy física.
En El Laberinto del Fauno, además, vuelve a los universos españoles de El Espinazo del Diablo, pero afinando más en un argumento que deja de ser un homenaje explícito a Carlos Giménez y Charles Burns (por cierto, vuelta a ver hace unos años en la tele, me pareció más interesante que la primera vez que la vi, conste en acta, aunque sigue siendo de lo menos afortunado de su director, para mí). Ahora la mirada se pone en algo más general, como es la literatura feérica, las tradiciones mágicas paganas que sobreviven desde la edad media. Hadas, ogros y criaturas pánicas que nos presenta del Toro como expresión consciente, peligrosa, bella y caprichosa de la naturaleza.
Posiblemente lo que más me ha gustado de la mirada de del Toro es cu capacidad para invertir: lo mágico es plasmado con un realismo inaudito en el cine español, aunque al tiempo potenciando siempre lo maravilloso e imposible del asunto. Mientras que la vida "real", que se asienta en la España franquista posbélica y en el tema de los maquis, se convierte en materia pop. Fascis malos de una pieza dignos de Tarantino, resistentes heroicos igualmente de una pieza, y en fin, la utilización de la historia como materia para la fábula.
En esa aparente contradicción, usar "lo real" con mirada irreal (otros dirán plana o simplona, los que no comprendan la fuerza del símbolo) y acercarse a lo irreal con la prudencia que nos piden los hechos contrastados, supone una inversión potente, que muta todo el contenido de El Laberinto del Fauno en una gran oda a la imaginación focalizada en la protagonista, Ivana Baquero. Niña-actriz excelente (gran director de actores siempre, el mexicano) que, como único personaje de la cinta que aún conserva la inocencia, vive entre dos mundos sin ser capaz de entender por completo ninguno de ambos, he aquí el punto de intersección y la verdadera materia trágica de la película. Neil Gaiman haría el baile del gorila disfrazado de Melody en la Comic-Con, por inventar un relato así.

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