28 septiembre 2015

Las catalanas.

Las catalanas. Las elecciones, digo.
Momento importante en la historia política de este país por lo que tenían de fondo, testeo o pulso según quién mire el cuadro. Si se observan como test plebiscitario, de sí/no, es difícil crear un traslado real, siempre se estará abierto a la interpretación X que cada cual vea más ajustada a sus principios. Votos versus %, escaños versus ciudadanía, intención real del voto... Pero está claro que algo ha habido de manifestación identitaria, dada la alta participación (más del 77%). Así qeu si jugamos, en general, no, no se puede decir que ha “ganado” el “plebiscito” la opción separatista: independentistas (JxSÍ+CUP) el 48'03% de votos, no independentistas (C'S, PSC, PP, CATSÍQUEESPOT, otros), el 51'97. Con el absoluto de las cifras los partidos conservadores van a cerrar filas en torno a “esto queríais y así os ha salido, fin” y los progresistas insistirán en un hecho social, una Cataluña casi, casi al 50% dividida en su voluntad identitaria que además está votando, en realidad, otra cosa (porque no, NO era un plebiscito, hay insistir en eso, y con el voto de castigo a la corrupción, con el voto a favor de cierto modelo de gobierno en tanto que se sigue en el gobierno de la Generalitat y hay que seguir viviendo mientras haya D.U.I. o no D.U.I.)
Que ahora se le otorgue a las elecciones carta de naturaleza 100% plebiscitaria (cada quien, para alimentar sus tesis previas, y según conveniencia) es el gran error que, apuesto, vamos a tener que aguantar en todo tipo de discursos hoy y durante días. La realidad es que el nudo gordiano sigue irresoluto auqneu nos han mostrado un (más o menos nítido o borroso) diorama del paisaje, y sigue, a mi juicio, admitiendo solamente dos salidas: consulta real, clara, concisa y limpia a partir de la cual seguir trabajando (conjuntamente, estado, gobierno catalán); o la Declaración Unilateral de Independencia, sencillamente un absurdo (diría que jurídico y sin duda absurdo práctico) que no sé a dónde coño puede conducir (no, al ejército levantisco y trompetero tomando las calles de Barcelona, no, esa vía de pensamiento se la dejo a los cerriles).
La pelota está pues en unas generales para las que ya queda mucho menos, porque veo el asunto como un juego de espejos donde el papel de la España constitucional tampoco va a ser menor, claro. Personalmente creo que el peor de los entornos posibles a nivel nacional (en este asunto y en todos los demás) será la repetición con más o menos matices del actual, con un PP enrocado en la silla, incomunicativo (“Rajoy lava los platos con Mistol”) y conservador de una vieja constitución que, claramente, pide a gritos una reforma en asuntos medulares.

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