22 octubre 2015

Poesía cósmica.

Hace unos días saltó a las redes sociales y residuos de pulpa de papel informativa una noticia preciosa. De esas de lanzar la imaginación a volar: "En las proximidades de la estrella KIC 8462852 hay algo que tapa la luz y que desconcierta a los científicos." rezaba el ABC el pasado día 19.
La cosa es que se ha detectado que ese astro, al que nosotros, más poéticos, vamos a llamar "flashing star", como si se tratase de un tebeo guay, se acompaña de algo impredecible, y por tanto, enigmático. Dicen que "el meollo del asunto es que observaciones hechas con el telescopio espacial Kepler han revelado que hay algo que reduce la luz que nos llega de KIC 8462852 [flashing star, vamos] en hasta un 20 por ciento, y que lo hace en intervalos irregulares" (Microsiervos).  Un artículo sobre este tema en The Atlantic apunta incluso que la causa de este comportamiento inestable se deba a que podría tratarse de enormes, colosales estructuras alienígenas.
Toma, un sistema solar artificial creado por una civilización extraterrestre para extraer energía del sol. Que va a ser que no, de acuerdo, pero... ¿mola o no mola?

Aunque evidentemente este asunto poco tiene que ver con los avistamientos OVNI y todo ese universo, ya que solo hablamos de teorías para explicar una incógnita cósmica cierta, encontrada y testada científicamente (pero sin explicación), la verdad es que el hilo que une ambos mundos, ciencia y ufología, el misterio de un universo que aún nos es de masiado grande y la posibilidad de que ese cosmos se acerque a nosotros en forma de naves extraterrestres, me interesa ante todo por su capacidad poética, evocadora y fantástica.
No, no soy un "Believer" (y mucho menos un belieber, ya que estamos) ni he visto jamás nada en el cielo que no sea una estrella o un avión. Pero tenemos que reconocer (yo lo hago, en fin) que la idea de que hay cosas racionales y autoconscientes ahí fuera está injertado ya en el arte contemporáneo y es materia bruta para la narrativa. Desde que somos animales racionales contamos historias, y muchas son sobre lo que nos supera.
De los deliros de  Erich von Däniken a las fantasías literarias de Stanislav Lem pasando por las cosmologías de Kack Kirby o los encuentros cercanos en fase tres de Steven Spielberg, muchos son los artistas que han usado la imaginería de la inteligencia exterior/superior en sus obras.
No me extraña, es fascinante. La interpreto, personalmente, en la clave que aporta Pabo Ríos en su debut (y magnífica novela gráfica) Azul y pálido: pensar el fenómeno del contacto con otros seres inteligentes del espacio supone un campo de reflexión sobre nosotros mismos. Mientras nadie demuestre ("nadie", de este planeta... o de otro) que efectivamente "No estamos solos", toda esa imaginería tecno sirve para pensarnos a nosotros, nuestros miedos/aspiraciones y cómo el hombre contemporáneo los sublima de un modo u otro.
La aparición de una creación de proporciones faraónicas en el espacio, mundos artificiales, puede ser un disparate más, una apreciación absurda tejida para, quizá, llamar la atención sobre una noticia realmente desconcertante pero excesivamente técnica, fría para los mas media. Mola mucho más el Imperio Galáctico, pues claro. Pero frente a otras explicaicones más plausibles (cuerpos celestes sometidos a varias tensiones gravitacionales, por ejemplo), la solución alien me vuelve a abrir la espita de aquella lectura de infancia, el libro (maravilloso ¿porqué me deshice de él?) OVNI, un delirio hermoso para niños que fue mi primer contacto con todo este rollo de lo que hay o deja de haber en el espacio profundo:


Este libro es inencontrable (o a precios locos, 200 euros, cosas así) PERO...no nos engañemos, es una nostalgia deliciosa, pero apenas un eslabón pequeñito en la cadena de maravillosas ficciones narrativas sobre el espacio que podemos disfrutar. Algunas de ellas (y la recreación pictórica anónima que abre este post) puedes verlas en este pase de diapos (slider, vamos). ¡Disfrutad del espacio inmenso y sus dioses cósmicos!: