21 noviembre 2015

La Voz Indie Kids

Furious Monkey House es una banda pontevedresa que está llamando mucho la atención. Generan un indie rock sin demasiados puntos originales pero macerado en buenas influencias: a bote pronto citaría Pavement, Breeders o los Pixies más melódicos, a Weezer y a alguna banda nacional "noventas" que dudo ellos conozcan pero que también recuerda a su música por compartir influencias, como El Inquilino Comunista.
Los ha descubierto una promotora (la misma que lleva a Xoel López y Vetusta Morla) y se los ha llevado a grabar a los estudiOs Abbey Road de Londres (sí, los de los Beatles). Tienen un disco y un vídeo oficial. Y giran.
No suena demasiado relevante, pero la particularidad es la que ves en esta foto de la banda:

Sí: "FMH" son una kids band, un grupo infantil (con un adulto infiltrado tras una careta, que toca el bajo y supongo que dirige el cotarro), niños de primaria. Concretamente  sus edades oscilan entre los nueve años y los doce.
Así que en estos tiempos en los que la tele nos bonbardea con niños-monstruo cantantes destinados a desdichas y presiones excesivas en aras del espectáculo catódico (ya sabes, La Voz Kids y todas esas mierdas), encontrarnos a un grupo de chavales que se lo montan bien, con cierta naturalidad (comenzaron como un proyecto lúdico-didáctico en un aula de música) y que en vez de tirar del influjo nefasto de Operación Triunfo o de clasicotadas casposas y apolilladas, escupen con garbo un inide pop juguetón, melódico, agresivo incluso en sus sonidos distorsionados y saltarines.
Tienen canciones, y si el adulto tras la máscara es mínimamente inteligente sabrá mantener el experimento en el terreno de lo lúdico (donde no sobran discos como el de debut, ni bolos, por supuesto, como los que ya están haciendo -y logrando el "entradas agotadas"-).
No nos engañemos, esto no es algo que debamos tomar más allá de la anécdota, por muy celebrada que sea. Un experimento infantil que, casi por primera vez, no parece un monstruo de Frankenstein como aquellos grupos para-y-de críos tan populares en los ochenta, ni un desesperado intento de pelotazo en un programa de la tele. Es algo muy simpático, con canciones chispeantes que se escuchan muy bien y que está sonando mucho por Galicia últimamente.
Así contemplado, no puede despertar más que simpatía.
Bienvenidos al vergel del Mono Furioso y sus Niños Perdidos.

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